Por montera

El mensaje

Ha demostrado que sabe mantener la calma y no caer en un discurso político que no le corresponde

Felipe VI, una vez más, ha estado a la altura que se le presumía y que se ha ido ganando durante un reinado sometido a constantes 23-F. Las presiones de este año han alcanzado cotas inadmisibles, hasta el punto de que llegamos a creer que se iba a doblegar a las injerencias políticas en favor de los republicanos, quienes esperarían con ansia que él mismo abdicara esa misma noche. ¡Oh, sorpresa! Respondió a los malos al hacer referencia expresa a que "los principios éticos obligan a todos sin excepción", como a los defensores de la monarquía parlamentaria bajo quienes tampoco se igualó. Se mostró en su sitio. La opinión pública se ha inclinado, la mayoría, por alabar su mensaje que supo empatizar con los problemas de nuestro país. Los menos, que ha dicho obviedades para no decir nada. El Rey ha vuelto a poner en valor que está por encima de las instituciones pasen por las manos políticas y sociales que pasen. Para los contrarios, quienes esperaban que hablase sobre lo que ellos quieren que vierta literalmente por su boca, se han aferrado a que no mencionó a su padre. Don Felipe no habla de un padre, puesto que habla como Rey. Y por encima de ser hijo, ha demostrado que sabe mantener la calma y no caer en un discurso político que no le corresponde.

Es por ello que nos dio una lección marcando no sólo las líneas para trabajar en la recuperación del empleo, la mejora social y el agradecimiento por el trabajo de los sanitarios, sino que aleccionó a quienes pretenden que hable como un político para luego argumentar el derecho de haber vulnerado su neutralidad. Haberlo hecho, haber incluido en su discurso cualquiera de los temas propuestos por los republicanos sobre una ley de la Corona o que hubiera mencionado con nombre propio a su padre, habría sido un error que rompería su neutralidad ideológica convirtiéndole en un juguete para los políticos que quieren derrocarle de la Jefatura del Estado. El Rey es el mayor defensor de los principios democráticos y de la Constitución. Hubo detalles para la interpretación. Un abeto con la decoración más clásica en tonos rojos. Un nacimiento y una fotografía en la que él y la princesa Leonor rinden homenaje a los muertos por el Covid-19. Su postura era correcta, con menos movimientos de manos que otros años. Sereno, sonriente, con la mirada clara y los ojos tan azules y brillantes de un adolescente. Tanto en el contenido como la forma se dejaron de experimentos para centrarse en lo que siempre funciona: la educación más excelsa, el respeto y sin florituras. Se protegió con lo seguro sin experimentos para los que no es el momento.

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