Nos conocimos a raíz de una feria de arte que solía organizar en la zona del Valle del Almanzora. El festival de la Vía Verde aunaba a grandes artistas locales, nacionales y extranjeros de la talla de Pepa Satué, Lola Berenguer o Anne Kampschulte en un encuentro multidisciplinar que apostaba por las iniciativas culturales en el ámbito rural. Si tuviéramos que describir en una sola frase el trabajo de Safi (José Antonio Martinez. Serón, 1962) sería algo así como "un encuentro de la ética social y la esencia natural". Cuando me invitó a su hogar no dude en aceptar el ofrecimiento. Una vez allí, comenzó a relatar para mí la historia de todas las obras que íbamos encontrando en cada estancia, en cada pasillo. Su casa es una auténtica pinacoteca habitada; un espacio donde cohabitan su vida y obra así como la de algunos compañeros de profesión. Ha conseguido una colección de arte muy amplia gracias a los intercambios de piezas que hace con sus colegas. Es este un creador polifacético y tenaz cuyo afán por la expresión a través de su arte le lleva a abordar distintas disciplinas desde la escultura en metal al grabado y las técnicas de estampación, pasando por la cerámica o la pintura. Tanto es así, que su "hiperactividad artística" le permite trabajar en varias piezas a la vez e incluso pasar de una técnica a otra respetando una estética propia que aglutina el común de su producción plástica. Sus grabados en papel son especialmente sensibles. No hay grandes pretensiones u ostentación en un lenguaje que se intuye sincero y genuino; que transporta en cierto modo a la estética del art brut o la del Dubuffet más pictórico y orgánico.

Safí es un poeta visual. Su arte y su vida son la misma cosa: desde muy temprano en la mañana (es un hombre de campo, a quien Dios ayuda) empieza a recopilar frases del periódico, imágenes de su entorno; sonidos, formas y colores que luego transformará en algún grabado o en una escultura con materiales que otros han desechado. Admira especialmente el trabajo de Pedro Gilabert: existen muchos lugares comunes entre su obra y la de este imprescindible escultor de Arboleas. Especialmente en ese halo de ingenuidad e inocencia del que se impregnan sus formas. Para Safi es de vital importancia que una obra tenga alma propia, esencia. Y el objeto de su creación a menudo pasa por hacer que el espectador cambie su mirada, ya sea reparando en una situación social injusta o en la naturaleza de un ecosistema que infravaloramos cada vez más.

Si quieres conocer la obra de uno de los mejores artistas vivos de nuestra provincia, puedes echar un vistazo a sus redes, a su blog safitallerabierto.blogspot.com o pasar por su estudio abierto en Serón.

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