• La recogida de castañas en propiedad ajena se ha convertido en un fenómeno más agresivo en los últimos años

  • El perfil es de ciudadanos que disfrutan el fin de semana con la familia de un entorno natural

El incivismo se apodera del medio rural

Senderismo de hurto

El disfrute del medio rural se ha convertido en un fenómenos extendido, más aún tras la llegada de la pandemia. El disfrute del medio rural se ha convertido en un fenómenos extendido, más aún tras la llegada de la pandemia.

El disfrute del medio rural se ha convertido en un fenómenos extendido, más aún tras la llegada de la pandemia.

Escrito por

· Francisco Maturana

Redactor

La crisis sanitaria y los efectos que ha acarreado materializados en medidas restrictivas especialmente en los núcleos urbanos han propiciado que los ciudadanos de estas zonas hayan descubierto en el entorno rural una vía de escape del que se puede decir que está de moda. Los espacios abiertos, en un enclave natural, son ahora percibidos como una vía de escape ante la pandemia que asola hoy al mundo.

Incluso antes del verano, cuando finalizó la denominada primera ‘ola’ con la que sacudió el virus a la población, ya se había convertido en un fenómeno extendido en la provincia de Almería el hecho de ver a multitud de familias o grupos de amigos disfrutando del campo en pequeños municipios de la geografía almeriense durante los fines de semana o festivos.

El virus sigue golpeando con fuerza y este fenómeno en el que se está poniendo en valor el interior provincial es más acentuado si cabe, donde se puede ver durante todo el fin de semana a centenares de personas, la mayoría de ciudades más pobladas como la capital, El Ejido o Roquetas de Mar; haciendo senderismo por la amplia red de rutas de la provincia o simplemente paseando y conociendo estos pueblos. Sin embargo, es precisamente dentro de este grupo de personas donde se está incurriendo en un fenómeno que siempre ha estado ahí pero que ha arreciado con ellos, como es la recogida de algunos cultivos, especialmente frutos secos.

Los golpes a estos árboles, centenarios, para tirar el fruto al suelo, supone un atentado contra la naturaleza

En este mes de octubre este hecho se ha venido desarrollando casi con normalidad en el término municipal de Paterna del Río, cuna de la castaña, puesto que aglutina el 80% de estos árboles en la provincia de Almería y suele superar una producción de 200 toneladas por campaña.

El problema que genera esta práctica es, por un lado, que todos y cada uno de los castaños son propiedad de alguien. Se trata de una planta que no es autóctona, y por tanto, no ha llegado de manera espontánea. Por otro, se trata de árboles centenarios, a los que estos senderistas golpean para tirar sus erizos al suelo y así hacerse con el fruto, haciendo un daño que puede ser irreparable para la planta, ya que no vale cualquier forma de hacerlo.

Y por último, pero no menos importante, es que normalmente estos árboles que tienen dueño también se encuentran dentro de una propiedad privada, que suele ser invadida para realizar lo que sí, a todas luces y puede que de manera inocente en la mayoría de los casos y por desconocimiento, es un hurto.

Evidentemente, el malestar entre los vecinos que siempre dan la bienvenida a los visitantes, es patente ante lo que realmente es un expolio de un cultivo que simboliza la llegada del otoño en la provincia y que en Paterna del Río se ha convertido en un símbolo. De hecho, cuenta con una festividad que ahora se habría celebrado de no existir la crisis sanitaria y que suele congregar en un fin de semana a un par de miles de personas.

Cartel de prohibición. Cartel de prohibición.

Cartel de prohibición.

“Este año no he podido recoger ninguna castaña, esto es una vergüenza”, cuenta uno de los propietarios. Y es que muchos de ellos no viven en Paterna del Río de manera permanente y ha sido en esos momentos cuando han entrado en sus fincas para recolectar el fruto.

Parece que la desinformación es, en este caso, el principal motivo de una práctica que debe terminarse, especialmente por el daño que se le hace al ecosistema con ella al atentar contra una vegetación centenaria y a la que además se accede de manera indiscriminada dentro de un espacio protegido como Parque Natural.

Lo que está claro es que el medio rural necesita de su puesta en valor, y dentro de ella está que las personas que viven en núcleos urbanos y no suelen disfrutar de este entorno lo hagan. Eso sí, de manera correcta por el bien del ecosistema y puede que se necesite de un mayor control de las prácticas que aquí se hagan, pero sobre todo información para que no se cometan ciertos errores que a la larga pueden costar muy caros con el objetivo de preservar un patrimonio que es de todos.

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