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Coronavirus

Submarinos: un modo de vida confinados

  • El orgullo con el que el almeriense José F. López narra su experiencia en la estrechez de un submarino ayuda a sobrellevar el confinamiento diario en los hogares

Cada vez que José regresa a descansar a su domicilio de Cartagena desde el Arsenal Militar, tiene la impresión de estar entrando en un palacio. No es que su casa esté decorada con enormes cortinas, tapices kilométricos y los mármoles más codiciados del mundo, es que disfrutar de unas jornadas sin la estrechez laboral diaria es necesario, sabe mejor que cualquier dulce de esta extraña Semana Santa.

Sirve en la Fuerza Submarina de la Armada Española. Su destino actual es el Submarino Mistral. Su día a día, una enorme estructura de metal, de apenas 70 metros de eslora y con una superficie habitable de 140 metros cuadrados para 65 personas, la dotación mínima que se necesita para hacer a la mar esta nave. Estrechez, miedo, claustrofobia y ansiedad para el lector; un modus vivendi hecho a la medida del submarinista almeriense José Francisco López, que desde 2008 lleva cumpliendo servicios en múltiples maniobras y operaciones en el mar en destinos como la Fragata Canarias, (Base Naval de Rota), el Buque Escuela Juan Sebastian De Elcano, (Arsenal de la Carraca, en San Fernando), la Fragata Mendez Nuñez (Arsenal Militar de Ferrol) y, en estos días de confinamiento que nos ocupan, en el Submarino Mistral (Arsenal Militar de Cartagena).

“Todos tenemos nuestros miedos a bordo de un submarino, es un entorno en el que nunca pensé que me pudiera acostumbrar tan rápido. Hay que contar que para andar por el pasillo principal, cuando se cruzan dos personas, una tiene que hacerse a un lado para que la otra pase, nos lavamos los dientes por turnos tras las comidas, para levantarnos de la mesa tenemos que esperar a que salgan los que estan delante... Son muchos detalles a los que uno se acostumbra sin problema. Por esto disfrutar en casa de estos días es un lujo y así lo debemos de ver en estos malditos días de coronavirus, aunque entiendo la falta de costumbre de la gente a estar encerrados sin salir a la calle”, comienza el almeriense desde su barrio cartagenero, donde respeta el estado de alarma. Desde el pasado 14 de marzo, José es uno más confinado entre las cuatro amplias paredes de su casa y sólo acude a la base para cumplir con las guardias de puerto, así como trabajos debidamente justificados.

Diario de Almería se puso en contacto con él para narrar la historia de una corta vida laboral todavía, en la que toparse hombro con hombro con un compañero es lo habitual. Desde la estrechez de su experiencia laboral, quiere mostrarle a la sociedad que puede y debe considerar un lujo la aburrida cotidianidad de ver la carretera desde el porche, la puerta o la ventana de su hogar. “Las comodidades a bordo son mínimas y se reducen a una ducha y dos baños para toda la dotación. Cada miembro de la dotación lleva a cabo una ducha cada tres días con el fin de optimizar el consumo de agua a bordo. Se carece de intimidad salvo en nuestras camas, donde tenemos una cortinilla que nos separa del resto. Intentamos desconectar escuchando música, viendo series y películas descargadas o estudiando, siempre con dispositivos pequeños y acordes al espacio”, explica.

“Si pasamos a hablar de las comunicaciones, nada tiene que ver con lo que tenemos todos a diario. Somos conscientes que una vez que el submarino hace inmersión, perdemos la totalidad de la cobertura y como las comunicaciones son por satélite, nos limitamos a correos electrónicos una vez por persona y día”, algo que parece inviable para cualquier persona del siglo XXI, pero que si echa la vista un poco atrás, vería que es posible sobrevivir sin tanta red social.

El protagonista de esta historia: el submarinista almeriense José Francisco López. El protagonista de esta historia: el submarinista almeriense José Francisco López.

El protagonista de esta historia: el submarinista almeriense José Francisco López.

Ni una sola muesca de contrariedad ante esto. Es más, José sólo tiene palabras de admiración ante lo que vive y de agradecimiento, especiamente al cocinero. “La comida el mayor aliciente del día. Nuestras viandas a bordo son fabulosas y eso que a bordo contamos con una cocina de cuatro metros cuadrados, ¡sí, cuatro metros! El cocinero es un verdadero artista”. Con el estómago lleno y el paladar endulzado, la vida se ve con optimismo.

Bajo millones de toneladas de agua, cualquiera pierde la noción del tiempo. Una luz blanca marca las horas del día y una roja, las de la noche. Ante esta situación tan anómala para el ser humano, José llama a toda la sociedad a imitarle y a abrir las ventanas de par en par para que el radiante sol de su querida Almería, active a los más perezosos e ilumine una interesante rutina diaria. “Tengo sobre la mesa del comedor una agenda continuamente abierta en la que anoto todas las tareas del día, hasta lo que que vamos a comer. Es importante aprovechar y respetar el tiempo como un verdadero profesional algo es imprescindible para una vida épica”.

“Levantarnos temprano, ducharse, vestirse y desayunar son los primeros alicientes para mantener una mentalidad postiva. Si tenemos que teletrabajar ya tendremos toda la mañana ocupada, y si no, pues quizás sea buen momento para empezar algún curso online o en el caso de los estudiantes, profundizar en alguna materia. Nunca debemos dejar de lado la alimentación, ya que es la gasolina que nos mantiene activos y fuertes”, incide el submarinista que, tal y como hacen ellos cuando se echan al mar, resalta lo importante que es en estos momento realizar una gran compra de alimentos, para no estar constantemente expuestos al coronavirus en las tiendas de alimentos.

Una luz blanca marca las horas de día y una roja las de noche, cuando están sumergidos

Con mediodía gastado, las tardes son el momento idóneo para el ocio o el deporte. “Seguro que siempre hemos querido hacer un puzzle o una manualidad, tenemos sin leer algún libro o queremos ver alguna película o serie. Otro de los puntos fundamentales es mantenerse en forma. Sabemos que en una casa es difícil, que no tenemos máquinas o simplemente no estamos motivados, ¿qué pasa si os digo que los submarinistas entrenamos entre dos tubos lanzatorpedos en apenas tres metros cuadrados? Mi recomendación es tener una tabla escrita y realizarla con nuestra música preferida”, dice antes de ponerle la postilla necesaria: “Tras todo esto, el descanso se presenta como necesario. Un rendimiento de élite sin una recuperación regular conduce al agotamiento”.

Si el contraste de su vida laboral con la nuestra actual ayuda a sobrellevar el ciertamente antipático confinamiento, José también recuerda que en la superficie, las distancias físicas ya no existen gracias a Internet. “Tenemos la gran suerte de tener una magnífica red que nos permite la utilización de aplicaciones como Skype o la videollamada del guasap, con la que podemos sentirnos al lado de nuestras familias o amigos. Recordad que nosotros en el submarino sólo podemos ver y enviar correos electrónicos una vez al día”, insiste.

José, junto a la ministra de Defensa, Margarita Robles. José, junto a la ministra de Defensa, Margarita Robles.

José, junto a la ministra de Defensa, Margarita Robles.

“Quizás ayude esto que cuento”, dice José, muy humilde, vía guasap, como se hacen la mayoría de reportajes estos días. Quizás no, a buen seguro que a muchos almerienses le ha abierto un roal de ilusión, puesto que después de todo, como nos han repetido por activa y por pasiva estos días, a nuestros abuelos los enviaron a la guerra y a nosotros sólo nos piden que estemos en casa. El molinero se despide agradecido por tener esta tribuna abierta a su experiencia y tremendamente orgulloso de formar parte de unas Fuerzas Armadas, cuyo comportamiento diario es tan heróico como el de los pacientes, los médicos, los cajeros de los supermercados, los reponedores...Serenitas et Audacia.

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