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Especiales | Crítica Conciencia de la discapacidad

Vincent Cassel, en una imagen de 'Especiales', de Nakache y Toledano. Vincent Cassel, en una imagen de 'Especiales', de Nakache y Toledano.

Vincent Cassel, en una imagen de 'Especiales', de Nakache y Toledano.

Lo peor es su título en castellano, inevitable guiño para espectadores a los que les gusta que le marquen bien el terreno o le acolchen un poco la incomodidad de enfrentarse a una realidad disfuncional tantas veces invisibilizada por el cine y los medios de comunicación.

Porque, como casi siempre en Nakache y Toledano (C’est la vie, Samba), se trata precisamente de poner el dedo en la llaga de ciertos problemas sociales sin soluciones fáciles, pero hacerlo sin apretar demasiado, dejándonos respirar, aplacando un poco la ansiedad y modulando los niveles de empatía para que cale el mensaje.

Centrada en el trabajo cotidiano de un par de asociaciones privadas dedicadas al cuidado de casos difíciles de autismo y enfermedad mental lideradas por los personajes que interpretan Cassel y Kateb, Especiales aspira a concentrar la esencia de su impagable labor social y reivindicar su heterodoxia metodológica frente a los protocolos del sistema a través de una historia con pacientes y casos singulares que vehiculan un relato dramático duro aunque esperanzador por el que también se cuelan el humor, el canto a la multiculturalidad solidaria e incluso unas pinceladas de picaresca romántica.

Todo en aras de la concienciación y la asimilación de un problema a través de una ficción de apariencia realista que en todo caso necesita pulir aristas y complejidades. Menos extrema que nuestra caricaturesca Campeones y algo más depurada que aquella Intocables con la que ablandaron los corazones del mundo frente a la discapacidad, Especiales no deja de ser ese producto bienintencionado y tranquilizador con el que clausurar festivales y recordarle al espectador que puede ayudar a mejorar el mundo incluso a cambio del precio de su entrada.