Ernesto Neto. El cuerpo como lugar común | Crítica

El cuerpo reencontrado

  • El joven Cayetano Limorte se apoya en la obra del artista brasileño Ernesto Neto para reflexionar sobre la percepción de 'lo corporal' en las sociedades occidentales

Una de las enormes instalaciones del artista brasileño Ernesto Neto. Una de las enormes instalaciones del artista brasileño Ernesto Neto.

Una de las enormes instalaciones del artista brasileño Ernesto Neto.

El artista visual Ernesto Neto (Río de Janeiro, 1964) es conocido por el enorme impacto visual de sus instalaciones, algunas de ellas de enormes dimensiones, que lo han convertido en un referente del arte brasileño a nivel mundial. Pero la espectacularidad de sus obras trasciende la conmoción inicial, que puede resultar meramente anecdótica, para conformar propuestas significativas de gran calado con las que se plantea, entre otras cuestiones, la relación del hombre con su propio cuerpo, con la colectividad y con la propia obra de arte.

Cayetano Limorte Menchón (Albatera, Alicante, 1990) analiza y glosa la obra de Ernesto Neto en un ensayo de subtítulo elocuente –El cuerpo como lugar común–, en el que, más allá de realizar un recorrido minucioso por la obra del artista, reflexiona sobre la percepción del cuerpo en la sociedad occidental y la inevitables repercusiones que esta visión de lo corporal tiene en nuestro modo de relacionarnos. El autor se apoya en la visión artística de Neto para retrotraernos al momento crucial en el que se conforma la dualidad cuerpo/mente "en los albores de la Edad Moderna" y nos invita a cuestionarnos sobre nuestra propia identidad y nuestra forma de relacionarnos con los otros.

Limorte Menchón considera crucial "ese momento paradójico de descubrimiento del cuerpo y ocultamiento del sujeto como ser inseparable de su corporeidad" y guía al lector a través del camino que Ernesto Neto "ha ido rastreando en la historia de Occidente a lo largo de su trayectoria artística". Autores como Julio Cortázar, Platón, Pablo de Tarso, Friedrich Nietzsche (indispensable en la argumentación de este ensayo), e incluso el poeta alicantino Miguel Hernández, sustentan una búsqueda paralela al desarrollo de la obra de Neto, la de ese origen común a todos "que parece que no puede ser otro que el cuerpo".

Este viaje artístico, emocional y sensorial de Neto se inicia en ese estrecho y cálido espacio que a todos nos iguala: el útero materno. El arte se convierte en esa casa primera, hogar único e insustituible, a través de esculturas en las que, según señala Limorte Menchón, "la representación del cuerpo era una mera representación simbólica de su condición reproductiva" y que dieron paso a una serie de obras que representaban "más concretamente el aparato reproductor femenino, como lo hicieran Interaçao Venus o Algo existe entre nós dois".

Cayetano Limorte Menchón. Cayetano Limorte Menchón.

Cayetano Limorte Menchón.

La segunda parada en este recorrido artístico y vital es la casa familiar, espacio para el encuentro con otros cuerpos, ámbito para la imaginación, la conversación, la relación con los otros. La casa que se convierte en mundo en ese intento de Neto de "estimular al espectador a entregarse a una experiencia multisensorial con una actitud desprejuiciada como la del niño". La obra de arte se convierte en "un organismo en expansión", como ocurre en la instalación de "dimensiones descomunales" The Malmó Experience.

Finalmente el horizonte se ensancha para vislumbrar un arte que, en palabras de Neto, "nos conecte con el otro, que nos ayude a interactuar con otras personas, que nos muestre el límite". El artista nos remite a "un lugar de sensaciones, un lugar de intercambio y continuidad entre las personas, la piel de la existencia y las relaciones" a través de obras como Dengo-Bala, en la que se ofrecía al espectador la oportunidad de participar en una serie de experiencias lúdicas que remitían sensorialmente a la cultura brasileña pero que pueden ser experimentadas "por cualquiera venga de donde venga".

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La experiencia de convivencia de Ernesto Neto con el pueblo amazónico de los Huni Kuin marca un hito en la evolución del artista brasileño. En sus propias palabras, hasta ese momento en su obra "había una relación psicológica muy grande con la casa. El principio que existe ahora es la relación con el planeta Tierra". Esta relación queda reflejada en su obra O protesto e a serpente. En ella, Neto nos plantea, como señala el autor del ensayo, "un nuevo comienzo, una transvaloración". Símbolos como la serpiente aparecen "resignificados" y el animal abyecto de la narración bíblica se transforma "en la madre de la humanidad" y recupera el sentido que tiene en otras culturas en las que se erige como "símbolo telúrico de la humanidad".

Limorte Menchón destaca el carácter sensorial de las propuestas artísticas de Ernesto Neto, en las que participa no sólo la vista, "el sentido intelectual por excelencia", sino también el tacto, el oído y el olfato. El autor destaca cómo el artista de Río de Janeiro propone al espectador que se involucre "cuerpo a cuerpo" con la obra de arte a través de una experiencia que borra las fronteras no solo "entre el artista y el espectador", sino también "entre el arte y la vida".

Como comenta Eva Fernández del Campo en el prólogo de esta breve pero densa obra, "la lectura de este libro, como el recorrido de las obras de Neto, exige lentitud" y un lector atento capaz de adentrarse en "un libro curativo" que nos propone un viaje a las "calles de Río de Janeiro con sus vendedores ambulantes y a la Amazonía de la infancia" del artista brasileño.

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