Lecturas para el confinamiento El extraño caso del señor Stevenson

  • El escritor y periodista Andrés González-Barba reivindica la grandeza del autor escocés con una intriga en la que uno de sus personajes más emblemáticos parece haber cobrado vida

Andrés González-Barba, en una imagen de archivo.

Andrés González-Barba, en una imagen de archivo. / Juan Carlos Vázquez

"Quiero que sea un autor respetado en todas las universidades del mundo y que no se le considere como un mero creador de aventuras juveniles", expresa uno de los personajes de El testamento de Mr. Hyde, la nueva novela del periodista y escritor Andrés González-Barba, y tras esas palabras se vislumbra también el propósito del autor de este libro: reivindicar la complejidad y la hondura de Robert Louis Stevenson, al que equívocamente se ha etiquetado, negándole así mayores honores, como un hábil artesano especializado en relatos de evasión.

González-Barba (Sevilla, 1974) se sirve de una trama en la que Mr. Hyde, la sombría criatura que alumbró Stevenson, podría haber cobrado vida propia –así lo avisa una nota que recibe el protagonista, Peter Stewart– para rebelarse contra la imagen "distorsionada" que se tiene del clásico escocés. Al novelista le intrigaba que "grandes escritores como Javier Marías o Fernando Savater, en España, o maestros como Nabokov o Borges, admiraran su valía" mientras el imaginario colectivo sólo le atribuía al padre de La isla del tesoro o El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde la noble pero menospreciada virtud de saber cómo entretener al público. Y Stevenson "iba mucho más allá de eso. Fue también poeta y ensayista, un hombre de su tiempo y en algunas cuestiones adelantado a su época", valora el autor de El testamento de Mr. Hyde, que aún se asombra ante la "prolífica" producción que dejó  el británico pese a morir a los 44 años y el "mérito añadido" de haber convivido desde la infancia con la tuberculosis.

Pero la novela, publicada por Algaida, no pretende ser una hagiografía e indaga en los años más turbios de Stevenson, su etapa "más bohemia", una juventud en la que se entregaba a juergas interminables en las calles de Edimburgo y frecuentaba los prostíbulos, o en el pésimo recuerdo que divulgaría de él su en principio íntimo amigo William Ernest Henley. "Me interesaba que no todo fuera blanco en esta historia", comenta González-Barba, que buscó que el retrato de su héroe, "obsesionado con la dualidad y el lado oscuro del ser humano", como demuestra su fábula del Dr. Jekyll, estuviera también lleno de sombras.

Borges y Nabokov admiraban a un autor del que ha quedado una imagen "distorsionada"

En su viaje para desentrañar la enigmática resurrección de Mr. Hyde, Peter Stewart tratará con personas relevantes en la biografía de Stevenson, ya fallecido en la fecha en que transcurre la acción de la novela. Entre ellos, su viuda, Fanny Van de Grift, una figura crucial también en la obra de su marido. Llegaron a coescribir algunos textos como El dinamitero, "y prácticamente no había nada que hiciera Stevenson que no pasara por la lectura y la aprobación de ella", señala González-Barba. El control que ejercía Van de Grift proseguiría incluso tras el fallecimiento del autor en Samoa en 1894. No quiso que Sidney Colvin, que fue uno de los grandes amigos y mentores de Stevenson, y que sí preparó sus Obras Completas y publicó las cartas que compartieron, "escribiese la primera biografía sobre el escocés después de su muerte, lo cual hubiera sido muy interesante, pues hubiese aportado muchas cosas. Al final fue Graham Balfour, primo de Stevenson, quien publicó esa biografía, una visión oficial y autorizada, The life of Robert Louis Stevenson, de 1901", explica el novelista.

Robert Louis Stevenson (Edimburgo, 1850 - Samoa, 1894) en 1883. Robert Louis Stevenson (Edimburgo, 1850 - Samoa, 1894) en 1883.

Robert Louis Stevenson (Edimburgo, 1850 - Samoa, 1894) en 1883.

Entre las visitas que realiza el protagonista de El testamento de Mr. Hyde puede sorprender la presencia de Henry James, "diametralmente opuesto" a Stevenson pero con quien mantuvo una inesperada camaradería. "A mí también me llamó la atención", reconoce González-Barba, "descubrir el respeto que ambos se tenían. Uno escribía novelas psicológicas y el otro relatos de aventuras, uno era sosegado y el otro inquieto. Pero se cartearon muchísimo, y cada uno estudiaba con interés la obra del otro".

Pese a la influencia que ejerció su esposa, o el peso que también tuvo en su educación la niñera Alison Cunningham, cuyas escabrosas historias de terror avivaron la imaginación del Stevenson niño, al narrador se le reprocha en la novela que "no retrataba bien a las mujeres". "Y es curioso", asegura González-Barba "que la mayor parte de sus personajes fueran masculinos porque siempre habitó un mundo muy matriarcal, se crio en un entorno muy femenino. Cuando se fue a los mares del Sur, en el último tramo de su vida, se llevó a la madre con él y aparece en las fotografías. Pero también, inevitablemente, él pertenecía a una sociedad machista y no podía escapar de eso".

En El testamento de Mr. Hyde, González-Barba regresa a Inglaterra, un escenario que ya aparecía en Los diarios de Regent Street, su homenaje a Conan Doyle, o en los relatos de La noche de Lear y otros cuentos navideños. "No sé a qué se debe, quizás en otra vida fui un ciudadano británico", bromea. "Pero es verdad que toda esa cultura inglesa atraviesa mis libros. Siento que tengo deudas con Conan Doyle y con Stevenson, pero también son lecturas que uno hace en su juventud y que le marcan. No sé de qué escribiré en unos años", afirma. Por lo pronto, el autor tiene una nueva propuesta que llegará a las librerías cuando pase la crisis del coronavirus, Versos de abismos y ausencias, su primer poemario, un recorrido por sentimientos como "el amor, el desamor o el desarraigo" en el que resuenan ecos de Pedro Salinas y Benedetti.

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