David Eloy Rodríguez | Poeta "La poesía susurra lo que puede entre el ruido generalizado"

  • El escritor confirma en su nuevo libro 'Cámara de resonancia', que este jueves presenta en La Carbonería, la indómita madurez de su voz y sus vocaciones

El poeta y editor David Eloy Rodríguez (Cáceres, 1976), durante un recital.

El poeta y editor David Eloy Rodríguez (Cáceres, 1976), durante un recital.

Un nuevo libro de David Eloy Rodríguez siempre aguarda dispuesto al descubrimiento y el reencuentro, como ocurre con algunas ciudades conocidas y sin embargo inagotables. El escritor, extremeño de cuna (Cáceres, 1976) y andaluz de arraigo (tras pasar su infancia y su adolescencia en Jerez de la Frontera, reside en Sevilla desde hace más de un cuarto de siglo), presenta en estos días el poemario Cámara de resonancia (Editorial La Garúa, Barcelona, 2021), donde es tan fácil sorprenderse como reconocer la indómita madurez de su voz y sus vocaciones. La reivindicación de lo común, el desenmascaramiento de la impostura o la celebración del asombro son lances que atraviesan su ya extensa -e intensa- obra previa y que aquí resuenan con especial proyección, impregnan la lectura con una claridad conmovedora.

Cuesta que un autor se preste a identificar los "temas" de su escritura y David Eloy se escapa también de esa encerrona: "Cada uno de mis libros, vida a través, es fruto de un proceso propio, singular, y quiere ser una obra sugerente que abra posibilidades de reflexión, de conocimiento", explica, admitiendo además que lo que le importa es "seducir al lector, interesarle y afectar su sensibilidad, comunicar estéticamente y aportar elementos para comprender".

David Eloy Rodriguez es coeditor de Libros de la Herida. David Eloy Rodriguez es coeditor de Libros de la Herida.

David Eloy Rodriguez es coeditor de Libros de la Herida.

Junto a su huida de cualquier frívolo afán de protagonismo ("Habría que escuchar al poeta / sin el ruido de su persona", declaración que deja en Realidad no ordinaria, uno de los textos centrales de esta Cámara de resonancia), es justo reconocer en David Eloy Rodríguez un referente poético de su generación y de gran parte de la agitación poética que se ha vivido en y desde Sevilla en las dos últimas décadas. Y en ello pesa la solidez de su obra publicada, pero también su frondosa ramificación: desde su confianza en la pedagogía de la escritura creativa como herramienta que de alguna forma reintegra voces arrebatadas, a la implicación en múltiples propuestas escénicas en las que la poesía dialoga -de nuevo desde la viva voz- con disciplinas como la música, la pintura o la danza, pasando por su compromiso (como coeditor, junto al también poeta José María Gómez Valero, compañero en tantas aventuras) con Libros de la Herida, sello editorial que se ha ido ganando el respeto título a título gracias a un catálogo muy cuidado.

Portada de la obra. Portada de la obra.

Portada de la obra.

Algo o mucho de ese enriquecido camino paralelo se trasluce en sus poemas. En Cámara de resonancia hay una tensión del verso hacia el aforismo, complementada con un doble tejido: el verso se afirma a menudo como entidad autónoma, pero no descuida su función al servicio de un armazón de sentido más amplio. "Intento que cada verso arda, y que componga una hoguera coherente en el poema. Y, a su vez, trato cada libro de poemas como una novela: con su trama, su estructura, su desarrollo continuado, su resolución, su sentido como obra orgánica".

"En este libro hay humor y regocijo por los refugios y resistencias que aún nos quedan contra la desolación"

Hay innumerables ejemplos de esa estimulante rotundidad aforística diseminados por todo el libro. Por ejemplo, "Todos descendemos de santos y asesinos" (en Sensaciones libres); o "Un árbol que cae. / Cien mil árboles crecen / ¿Qué escuchas?" (en Carta en la mesa, pesa); o "La poesía es el hotel que amamos / como si fuera nuestra patria" (en Explícate mejor).

Ante ese planteamiento, es tentador acordarse de los pecios de Rafael Sánchez Ferlosio, escritor convocado además en esta significativa cita: "La verdad es la estatua de sal del conocer que se detiene; pronto la lluvia la disolvería si los ojos del miedo no se empecinasen en verla hecha de piedra". Y, junto a Ferlosio, múltiples voces resuenan en esta cámara, tanto en las notas paratextuales como en el curso mismo de los versos, que a menudo hacen referencia a lo dicho o vivido por sujetos tan diferentes como Esquilo, Arthur Cravan o Tadeusz Rózewicz. "Quiero que la poesía se parezca a la vida, y la vida es un entremezclarse constante de discursos y materiales heterogéneos que ocurren mientras tratamos de construir un sentido, un relato de lo que sucede", explica Rodríguez.

"Quiero que la poesía se parezca a la vida, y la vida es un entremezclarse constante de discursos heterogéneos"

Sin querer caer en la trampa de buscar correspondencias fáciles entre estos poemas y eso que llamamos "actualidad", otro rasgo que podría marcar el libro con respecto a la obra anterior del autor es quizá una mayor transparencia del contexto, sobre todo en piezas como Polvo de cuerno de unicornio o la citada Realidad no ordinaria. Es incluso casi inevitable rastrear la posible huella de una experiencia tan poco ordinaria como una pandemia, ante lo que el poeta puntualiza: "He escrito Cámara de resonancia durante los últimos diez años. Solo un par de poemas, los últimos que incorporé al conjunto, están escritos durante el reciente y convulso episodio. Pero a lo largo de esta década ha habido una atmósfera común (social, política, antropológica) que se refleja seguro en los poemas, en tanto que he ido escribiendo en ese mismo tiempo apreciaciones sobre lo que consideraba que estaba pasando realmente, bajo el vértigo superficial de las apariencias. Y la pandemia es un síntoma muy representativo, un signo de los tiempos".

"Desilusionarse de las ilusiones que no son sino espejismos quizás nos ayude a ver, vivir y contar mejor lo que pasa"

Tal vez ese reflejo del contexto en los poemas genera una cierta percepción de desencanto en el conjunto, ante la que David Eloy no reniega ni se lamenta: "Desilusionarse de las ilusiones que no son sino espejismos, perder la fe en la realidad ficcional que nos construyen los poderes, quizás nos ayude a ver mejor, a vivir mejor, y a contar mejor lo que pasa, más libremente. En cualquier caso, creo que en este libro hay humor y alegría, regocijo por los refugios y resistencias que aún nos quedan contra la desolación".

Y desde todo eso crece incluso una posible formulación de su poética, de inequívocos ecos machadianos: "Creo que la responsabilidad de la poesía no es constatar funcionarialmente lo evidente, sino todo lo contrario: animarnos a interrogarnos, a ir más allá, más adentro. Por otro lado, quizás la poesía tenga de por sí una pulsión celebratoria… El desencanto, si se canta, ¿puede ser desencanto?".

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