Análisis

Francisco Bautista Toledo

Todo es empezar

Es valiente la pintora al exponer por vez primera su trabajo plástico, pues se arriesga a someterse al juicio del público sobre la validez de su obra, mostrando su habilidad y buen tino a la hora de elaborar un cuadro. El resultado final será si gusta o no a los visitantes de su exposición, si dice algo nuevo, o enseña algún rasgo particular que dé validez artística al conjunto presentado.

Charini, nos propone una serie de acrílicos cuya primera impresión nos lleva a una estética pop, superadora de caracteres naïf. Poseen sus piezas una huella personal propia, pues desde esta perspectiva estética que recuerda, reconduce hacia objetivos particulares la expresión final de su obra. Surge ésta desde principios no concebidos, espontáneamente, siendo su guía las emociones que la inundan en el momento de la creación, cuando sumida en el caos sensitivo de sus emociones, va descubriendo los destellos que definen el momento exacto de su estado anímico. El resultado es un producto fresco, dinámico, alejado de toda reflexión metafísica, que fluye ligero en un campo cromático alegre y optimista, que quiere cantar las bonanzas de la vida, alejarse de la tristeza, pese a que ha surgido desde las sombras, las cuales quedan agazapadas en la gravedad de los tonos usados, que se deshacen, en la parte superior de los cuadros, en los efluvios etéreos de la fantasía.

Las piezas elaboradas por Charini nacen de su elocuencia artística, convirtiéndose en un camino de liberación interior que quiere ser compartido con el publico, utilizando un lenguaje basado en el color, en su influjo visual que induce sentimientos, mucho más rico que el alfabético, pues profundiza en el corazón.

Utiliza la pintora pinceladas rotundas, gruesas, apasionadas, que se disuelven por las tonalidades ligeras usadas, brillantes, claras y optimistas. La autora se integra en el cuadro, construyendo realidades que reproducen el mundo de los sueños, de estados intemporales donde navega por los ríos de la luz.

Concluye en tablas de signo elegante, por la combinación de colores aplicados, los cuales se enriquecen entre sí, gracias al diálogo cromático que se produce entre ellos, cuyo rumor sensitivo es transmitido al espectador.

Es una exposición que comunica claridad, una visión optimista de la realidad, en formas amables que atraen, y gustan, a la mirada. Tras esta experiencia expositiva, Charini supera la prueba del juicio del público que la ha contemplado, con creces y suficiencia, avalando sus posibilidades en trabajos posteriores.

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