Dopamina digital

Cibergeopolítica, estamos pagando un alto precio como la prostitución de nuestros datos y de nuestra intimidad

Al día de la fecha, un gran número de personas, lo primero que hacemos, incluso antes de levantarnos del camastro, es conectarnos y alienarnos con las redes sociales, pulsando con el dedo para provocar un pálido resplandor con ejércitos de bots, arsenales de palabras, opiniones, influencia y persuasión. Vendrá en cascada una dosis de dopamina en mensajes entrantes. Y, como patológicos apostadores, volveremos a chequear ciento de veces para alimentarnos de nuestros impulsos narcisistas con unos tuits.

Sin tener información cara a cara, bajamos un peldaño a amistades telúricas, ya que nos comparamos viendo los otros, surfeando la soledad, picamos el botón de "apagar". Más tarde, repetimos el ciclo

Esto está dando lugar a la desinformación, un riesgo que corren las sociedades modernas - democráticas, libres y globalizadas-, pero el mayor peligro es la inclusión en las burbujas en las que solo se refuercen nuestros propios prejuicios. Oxford seleccionó el neologismo "posverdad", un sustantivo que denota circunstancias en las cuales los hechos objetivos tienen menos influencia en la opinión pública que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales.

Todos celebramos la llegada de la era digital y la mayoría sucumbimos ante la ilusión de la libertad y la interconexión que suponen las redes sociales. Pero estamos pagando un alto precio como la prostitución de nuestros datos, de nuestra intimidad y de la realidad que observamos a través de los ojos digitales, todo gracias a la "big data" y los algoritmos, lo que está dando lugar al llamado "infocalipsis", pasando a la dictadura digital y a una realidad fabricada para manipular a las masas, especialmente con fines electorales.

La psicología y las neurociencias están indicando, desde la praxis científica, que los riesgos y consecuencias en nuestras conductas están produciendo un impacto nocivo y efectos adversos para la salud psíquica ante la vulnerabilidad humana, que terminamos en convertirnos de usuarios en adictos, consumiendo nuestro tiempo y nuestros pensamientos ante un apocalipsis de la información.

En fin, prefiero levantarme por la mañana, persignarme y dar gracias a Dios por un nuevo día, poner la radio y al salir de la morada, adquirir el Diario Almería, dirigido por Antonio Lao, y leerlo acompañado con un café humeante y enterarnos de las noticias verídicas en soporte papel.

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