Perpetua resistencia

Cada día veo más claro, a pesar de la miopía oftalmológica y tensión ocular, al sol, pero también habrá nieblas

Estimados lectores, bastaría con leer los magistrales editoriales de este Diario de Almería y a sus correspondientes periodistas y articulistas para darnos cuenta de forma fehaciente, notoria y pública de la situación, de la realidad nacional, en la que nos encontramos en todos los niveles políticos, que con expresiones manifestadas de gran pureza literaria no enfrían el calor de los sentimientos de la Historia política de España.

Cada día veo más claro, a pesar de la miopía oftalmológica y tensión ocular, al sol, pero supongo que también habrá nieblas. En el Norte siempre hay nieblas y hoy España es toda Norte y toda niebla y apenas si eso es todo lo que de España queda.

Hoy, mi artículo, he preferido, como generalmente lo hago, conforme me van surgiendo aleatoriamente y amanuensemente ideas en el teclado del ordenador, dejando que fluyan ante el baturrillo de papeles, fotos, recortes y libros, porque ya pocas cosas hay seguras o están donde debieran.

Cánovas del Castillo decía respecto al pensamiento patriótico, que con la Patria, este país de Don Quijote, "se está con razón y sin razón; como se está con el padre y con la madre". Siempre se está diciendo que el problema de España es un problema de cultura. Hoy no, porque la historia y el alma de España se encuentran en las Letras y Museos Españoles.

Enorme es el daño que a España se le está haciendo desde la ignorancia política en su triple aspecto de imprevisores, pródigos y fanáticos. Los primeros malogran nuestras gloriosas obras, no teniendo prudencia y tino para conservarlas como debería de ser.

Los otros, cada día coexisten con la vanidad, hermana inseparable de la ignorancia. El vanidoso desconoce su propio valer y por ello se tiene en más de lo que es, despreciando a todo el mundo. Ridícula pasioncilla es ésta que trueca al ser de razón en un ente inútil y necio que vive en perpetua resistencia.

Lo peor de algunos, es que en su cerebro solo se encuentra el enaltecimiento, es querer vencer por vencer, y no se puede ser temerario ni temeroso en el obrar cuando la Historia de España está escrita en nuestros campos, aldeas, ciudades, montañas o ríos, está santificada por el sacrificio, y debemos de ser dignos de nuestros antepasados que nos precedieron en la fe, y no dejarnos arrastrar por la codicia de los extraños o las traiciones y vilezas de quienes quieren llevarnos a un cataclismo en España.

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