A la luz del día
Antonio Montero Alcaide
Verdades absolutas
Leo con desazón el suicidio de una adolescente en Asturias. Solo tenía dieciséis años. Según las noticias de prensa, desde los catorce estuvo sometida a presión y a persecución por parte de otro adolescente y, después, por el grueso de compañeros de clase que se sumaron al boicot. Conozco suficientemente este proceso a cuyo estudio dediqué algunos años de mi vida motivado por un error mío en mis tiempos de docente: no presté la atención requerida a un caso sangrante que afortunadamente no tuvo tan lamentable resultado. Me pesa desde entonces. Según informaciones de estudios realizados a lo largo de estos años, el bullying, como se conoce esta lamentable conducta, no parece haber disminuido a pesar de algunas intervenciones de las autoridades educativas. Y lo peor es que, por la existencia de las redes sociales, adquiere una resonancia y una gravedad que antes no se conocía. En todo caso, este suicidio se incardina en el ambiente de violencia escolar que recoge un estudio del que he tenido noticia a través de los medios realizado en Cataluña. Cuando me pongo a pensar en esta situación no es extraño que la mente se eleve a consideraciones con carácter mucho más amplio, al ambiente que vivimos en nuestra sociedad en general, y al político en particular. Ignoro quién ha sido el “maestro” y quién ha sido el “discípulo”, pero hay un cierto paralelismo en los procesos de linchamiento que descubrimos entre los agresores escolares y los agresores líderes de opinión y políticos en activo. Ya denunciaba en mi anterior artículo la presencia mucho más que frecuente de los insultos y las duras descalificaciones de los “otros”. Todo consiste en empezar lanzando acusaciones con poco o ningún fundamento, en hacer valoraciones negativas de supuestas o ciertas actitudes y decisiones, y luego ir incrementándolas poco a poco ayudados por el eco de esas acusaciones en las redes sociales y en los medios de comunicación. Este periódico es testigo de muchas de esas descalificaciones. Y lo mismo que sucedía en el caso del bullying, en todo este proceso juega un papel importante la reacción de aquellos que no son directamente agredidos y que por extraña inercia se ponen a favor del denunciante y en contra del denunciado. En el caso de los colegios tienen éxito al incrementar el sufrimiento de las víctimas. En el ámbito político también suelen triunfar: véase si no el último informe del CENTRA que lo corrobora.
También te puede interesar