I+D en la agricultura La mejora del clima en invernaderos pasivos

  • La bondad del clima Mediterráneo permite cultivar fuera de estación y por ello, Juan José Magán, de Cajamar, avisa de la importancia de la ventilación

La principal herramienta a considerar en invernaderos pasivos es el manejo de la ventilación. La principal herramienta a considerar en invernaderos pasivos es el manejo de la ventilación.

La principal herramienta a considerar en invernaderos pasivos es el manejo de la ventilación. / Javier Alonso.

La bondad del clima mediterráneo permite cultivar fuera de estación en invernaderos pasivos sencillos que disponen de escasas herramientas para el control de las condiciones climáticas en su interior. Esto provoca que en ocasiones se preste más atención a otros aspectos del manejo del cultivo, como el riego y el fertirriego, que al propio clima. Sin embargo, las condiciones climáticas que se desarrollan en el interior del invernadero constituyen el principal factor determinante del desarrollo del cultivo. Por tanto, aunque las herramientas disponibles para su control sean limitadas, resulta básico optimizar su manejo con el fin de conseguir un resultado satisfactorio. Así lo asegura Juan José Magán Cañadas, investigador de la Estación Experimental Cajamar, quien expone las características del cultivo bajo abrigo en zonas como la provincia de Almería en un artículo publicado en la web de Cajamar, ADN Agro.

Según Magán, la principal herramienta a considerar en invernaderos pasivos es el manejo de la ventilación. Esta permite combatir el exceso de temperatura y humedad, evitando el descenso pronunciado de la concentración de CO2 en el aire de forma simple y económica. Sin embargo, a veces la superficie de ventilación de estos invernaderos resulta insuficiente, especialmente en periodos con excesos térmicos. Todo ello a pesar de los avances que se han ido produciendo, tales como el progresivo aumento de la altura del invernadero o la instalación de sistemas de ventilación más eficaces (p.ej: ventanas abatibles). “Por tanto, sería necesario incrementar la superficie de ventilación aumentando el número de ventanas y construyéndolas de mayor tamaño, a la vez que optimizamos su disposición. Esto ha de ir acompañado de una gestión automática de las mismas mediante controladores de clima. Éste es un paso decisivo que ya debería haberse producido de forma generalizada en el sureste peninsular pero que, sin embargo, no se termina de dar.

La automatización de la ventilación, además de facilitar la gestión de las ventanas ante inclemencias meteorológicas (viento o lluvia), permite ajustar el grado de apertura de la ventilación con el objetivo de optimizar en la medida de lo posible las condiciones climáticas interiores en cada momento, algo que no resulta factible mediante una gestión manual”, apunta.

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