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Coronavirus Almería

Deportistas que se ponen la bata

  • La satisfacción por salvar una vida supera con creces a un gol o un podium: la obligación está por encima de la devoción

  • Días de mucho estrés sanitario, que necesitarían de las endorfinas del deporte para contrarrestarse

Un pabellón polideportivo habilitado como hospital. Un pabellón polideportivo habilitado como hospital.

Un pabellón polideportivo habilitado como hospital. / Efe

–¿Qué le produce más satisfacción a Antonio: entrar en meta, una operación bien realizada o la presentación de una obra?

– “Siempre una operación bien realizada, es una responsabilidad muy grande. Hay días en los que ayudas más a la gente, porque son problemas de más fácil solución, pero hay otros que llegas mal a casa porque no has podido resolver como te hubiera gustado. Yo he nacido para ser médico, una operación es para toda la vida, es una marca en el cuerpo para siempre. No hacerla bien carga tanto en el paciente como en los hombros del doctor”.

Esa pregunta y esa respuesta corresponden a una entrevista hecha en marzo de 2019 al doctor Antonio Ríos, uno de los protagonistas de esta crónica, que tiene en Filípides a su amor platónico. Curiosamente, de esas palabras hace justo un año. Cuando presentó su obra Cuatro Horas, el coronavirus no interrumpía el entrenamiento de ninguno de millones de sanitarios-deportistas, que hoy han aparcado los tenis en el armario y cuyas maratones hoy se libran en los hospitales y las clínicas, con las batas puestas.

Pocas satisfacciones hay para un corredor mayores que batir su crono de la prueba anterior, para un futbolista que un gol, para una jugadora de voleibol que anotar el punto 15 en el tie break. Estos días nos han enseñado que el We are the Champions debería de tocarse vez cada que se retira un respirador a una persona o que una radiografía no muestra una muestra una pulmonía bilateral. Messi y Cristiano acumulan Balones de Oro sin mayor orgullo; lo que acumulan los sanitarios son vidas salvadas sin mayor reconocimiento que unos aplausos a las ocho de la tarde que, ya era hora, enorgullecen a toda España.

Miguel Molina. Miguel Molina.

Miguel Molina.

El deporte es la droga saludable (si es que hubiera alguna) de cualquier persona sana. Quien lo practica sabe que las endorfinas que libera el cuerpo tras un esfuerzo agotador, son la mejor manera de darle los buenos días al sol a las buenas noches a la luna. El cansancio, el sudor, los latidos controlados del corazón relativizan los problemas y ayudan a ver la vida con mayor optimismo. Es la vía de escape ante el estrés diario, que en esta crisis sanitaria están acumulando a raudales doctores, enfermeros, celadores... Ellos lo tienen claro: la sonrisa de cualquier sanado es la mejor Champions para llevarse a sus vitrinas.

“Nos hemos tenido que adaptar a situaciones totalmente desconocidas hasta el momento y en Almería hemos vivido con esa calma chicha de por la posibilidad de que la situación se hubiera desbordado en cualquier momento. Intento afrontarlo mentalmente como lo hago en las pruebas de resistencia, igual que si fuera una carrera de 101 kilómetros. Trato de plantearme objetivos intermedios y no perder la motivación, es un consejo aplicable a la población durante el confinamiento”, dice Miguel Molina, médico de familia en La Cañada y corredor de ultra trail.

Soledad Morales. Soledad Morales.

Soledad Morales.

Desde el Centro de Salud de La Cañada al Hospital del Poniente, en El Ejido. Allí trabaja como enfermera generalista Soledad Morales, que es fisioterapeuta del Poli Almería y que se ha pasado buena parte de su vida en las canchas de voleibol. “El deporte ha dado ejemplo ante esta crisis del coronavirus, paró cuando era necesario porque en estos momentos lo más importante es la salud. Esta enfermedad ataca a todos, nadie estamos a salvo, ahora mismo el deporte es secundario, aunque sí que digo que es necesario hacer ejercicios en casa para no perder la forma y ayudar a que la mente esté distraída. Vamos a volver más fuertes que nunca, eso que nadie tenga duda”, asegura esta fisio del grupo IX de Tercera División.

Miguel y Soledad están en la vanguardia de la lucha contra el maldito virus y su trabajo es encomiable. En la retaguardia sanitaria también se lucha por salud, porque no hay que obviar que el confinamiento, aunque es necesario, también tiene sus problemas. El doctor de cabecera de Diario de Almería, Antonio Ríos, sigue pasando su consulta diaria de traumatología, donde en los últimos días ha atendido una fractura vertebral por caerse en el baño, un cruzado roto al hacer deporte en el sótano y un pie diabético (la herida no cierra y puede producir gangrena). “El domicilio es un foco de caídas y accidentes, ahora más que nunca. El confinamiento es un reto para el cuerpo y para la mente. Para el cuerpo porque el sedentarismo, sobre todo en los mayores, provoca osteoporosis, rigidez, dolor y acortamiento de los músculos. Hay más facilidad para caerse al perder la coordinación. En la mente, el estado de ánimo puede venirse abajo y las patologías como la depresión y ansiedad pueden verse agravadas. Todas las patologías crónicas se pueden complicar: el azúcar, la tensión, el colesterol. Si no se anda no se quema. Además, con ansiedad tenemos más ganas de comer y terminamos dentro de un bucle del que no salimos”, aconseja este maratoniano, que quería bajar de las tres horas en Londres, pero el coronavirus le ha dejado con las ganas. Eso sí, cuando el mundo recupere la normalidad, relativa, [“no sé cuándo va a ser, sólo podemos ir día a día, kilómetro a kilómetro”] se ha propuesto regalarse 42,195 kilómetros al mes, con el 50 aniversario del Maratón de Nueva York, hoy principal foco de la pandemia, en el horizonte.

Antonio Ríos. Antonio Ríos.

Antonio Ríos.

Él lo hace y lo aconseja. “En función del espacio que se tenga hay que hacer ejercicio. Subir escaleras, saltar a la comba, caminar al sol en el balcón, bicicleta estática o alguna clase de gimnasia de las que se pueden ver en internet”, dejando claro que las locuras que se han popularizado, como los medio maratones en un salón o los maratones en el balcón son, eso, locuras.

Su homólogo en kilómetros, Miguel Molina, que preparaba su quinto asalto a los 101 kilómetros de Ronda, también aconseja mantener el cuerpo activo. “Son días en los que el deporte se echa mucho de menos, en estos momentos la desconexión que supone una carrera por el Paseo Marítimo es tanto o más necesario que antes. Pero bueno, hay que intentar hacer algunas rutinas de ejercicios en casa, aunque la prioridad ahora debemos de tener claro que es la salud. Animo a todo el mundo a cumplir estrictamente las normas porque ello nos acercará más a recuperar la cotidianidad”, que para pasa por sudar al aire libre.

Si esto es así para profesionales de la salud y aficionados al deporte, ¿cómo lo lleva una profesional de ambas ramas? Amelia Portero, jugadora del Haro de Logroño de voleibol, se encuentra confinada en su casa de Almería desde que parara la Superliga Femenina con el estado de alarma. Como la situación pilló a toda España desprevenida y no había excesiva información gubernamental de la gravedad, pensaba que iba a tener que volver a tierras riojanas para continuar con la competición. Pero en cuanto la Federación dio por acabada la temporada, entró en la bolsa de enfermería y está a la espera de que la llamen para ayudar.

Amelia Portero. Amelia Portero.

Amelia Portero.

“No lo dudé ni un momento. Como cualquier sanitario, quiero aportar mi granito de arena en esta lucha contra el coronavirus”. Ha hecho prácticas en Logroño y en Torrecárdenas, aunque su día a día hasta el momento ha estado más en un vestuario que en una sala de triaje. No por ello le da miedo de enfrentarse a este virus tan letal. “Los sanitarios estamos expuestos a estos riesgos ante cualquier enfermedad. Lo importante es conocerlas, saber protegerse y tomar las medidas adecuadas para evitarlas”, dice la receptora del Haro, eso sí, ha visto cortada por completo su rutina de entrenamiento diario:“Entreno en mi casa sólo la parte física, ya que con el balón es imposible. Intento mantener la constancia para no perder la forma y estar lo más activa posible. Es muy difícil en un domicilio desarrollar un entrenamiento de alto nivel, pero es un sacrificio que debemos de hacer todos para poder salir de esta situación lo antes posible”, finaliza con optimismo.

Mientras estas líneas nos hacen olvidar a todos las cifras de contagios diario, de ingresos en las UCIS y las más tristes de todas, las de quienes no superan el coronavirus, estos cuatros héroes y muchos más, seguirán velando por nuestra salud. Su mente está puesta en que Almería sea la primera provincia cuya curva de contagio se tope de morros con el suelo; su ilusión es recuperar la rutina perdida de quitarse la bata y ponerse los tenis, descolgarse el fonendo y colocarse el pulsómetros gps, cerrar la agenda y abrir la puerta de su casa para sentir nuevamente la adrenalina de la competición es sus venas.

De nosotros, de nuestra responsabilidad social depende que venzamos al coronavirus y cada ciudadano pueda volver a hacer lo que más le gusta.

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