Un patrimonio perdido

La Medina y la iglesia de san Juan

  • Es donde se funden las raíces de nuestra ciudad, en el año 955 por Abderramán III. Junto a la calle de la Reina, se encuentra su calle principal: la calle Real de La Almedina

La Medina y la iglesia de san Juan La Medina y la iglesia de san Juan

La Medina y la iglesia de san Juan

El núcleo primitivo de Almería: La Medina, es donde se funden las raíces de nuestra ciudad, en el año 955 (siglo X) por Abderramán III. Junto a la calle de la Reina, se encuentra su calle principal: la calle Real de La Almedina, larga y estrecha donde a su alrededor se encuentra un auténtico laberinto de calles estrechas y sinuosas diseñadas para defender la ciudad, caso de la Calle Descanso con unas vistas magníficas de la Alcazaba, la Calle Clarín o Molino Cepero. La calle de la Almedina, fue urbanizada  a finales del siglo XIX, como podemos apreciar en algunas de las viviendas de esa época que aún conserva.

Bajando de la Alcazaba está la tradicional Plaza de San Antón

El monumento estandarte de la Medina es La Alcazaba, que está estrechamente ligada a la vida de la ciudad. Una fortaleza que encierra entre sus murallas una gran historia y un gran yacimiento arqueológico que se encuentra en el subsuelo y al descubierto, uniéndose al mirador privilegiado que ofrece de la ciudad y su bahía.  Sus más de mil años de existencia engarzada sobre un cerro es testigo de todo el devenir histórico de nuestra ciudad desde el comienzo de su construcción en el siglo X (955) por Abderramán III hasta el actual siglo XXI. Antes de la Guerra Civil, estaba muy abandonada, parecía un descampado con muros y torres, sobresaliendo el muro de la torre de la Vela y la estructura del tercer recinto cristiano con sus característicos torreones. Fue declarada por sus entrañas históricas y fundacionales de Al-Mariyya, Monumento Artístico Nacional en 1931. Durante la Guerra Civil las bombas de aviación pasaron desapercibidas por la fortaleza y después sufrió sus primeras reconstrucciones nada afortunadas.

Ruinas Ruinas

Ruinas

Bajando de la Alcazaba está la tradicional Plaza de San Antón, donde se ubicaba la citada ermita de finales del siglo XIX que fue destruida en la Guerra Civil y posteriormente restaurada. El muro perteneciente a la actual Subdelegación de Defensa se encuentra frente a San Antón. Desde este lugar tenía su entrada (hoy inexistente) la Mezquita Mayor y en un extremo se situaba el alminar desde donde el almuédano llamaba a los fieles a la oración de los viernes. Por dicha entrada se accedía al patio de las abluciones con una fuente para que los fieles se purificasen antes de entrar a la sala de oración. Era un patio de árboles frutales, donde lo que más predominaba eran los naranjos y los limoneros.  En la actualidad hay un patio que no es el primitivo de la Mezquita Mayor, es del siglo XVIII y pertenece a la parte más antigua del cuartel de la Misericordia.   Abderramán III coincidiendo con la fundación de La Medina, ordenó construir una Alcazaba y una Mezquita Aljama, comenzando ésta última en tiempos de Al-Hakam II en el año 965. Era muy extensa, llegando a tener la sala de oración hasta 7 naves.

Bajando la calle de San Juan llegamos hasta La iglesia del mismo nombre con su fachada almohadillada donde campea el escudo del Obispo Portocarrero. Esta iglesia, que forma parte de la sala de oración de la Mezquita, tiene un inmenso valor histórico, guardando en su interior la joya de la Mezquita Mayor: el Muro de la Quibla (siglo X) y el Nicho del Mihrab (siglo XII), de época almohade con arcos polilobulados donde se colocaba el libro del Corán.  Tras la conquista cristiana del 26 de diciembre de 1489 por los Reyes Católicos, la Mezquita se convertirá en la primera Catedral de Almería, “La Catedral de la Almedina”, pero el fatídico terremoto de 1522 la destruye casi en su totalidad, aunque continuo el culto, como así lo constatan los documentos. La nueva Catedral-Fortaleza (Plaza de la Catedral) se situó junto al barrio de la Almedina, en el extenso huerto del arrabal de La Musalla. Ordenada construir a partir de 1524 bajo el mandato del Obispo Villalán, se traslada definitivamente el culto allá por el año 1551, comenzando a construirse en la Medina, la iglesia Parroquial de San Juan en 1560 por el obispo Corrionero, estando finalizado en el siglo XVII bajo el mandato del obispo Portocarrero. Con la construcción de la iglesia, quedaron ocultos los restos de la antigua Mezquita, hasta ser descubiertos en 1930 y excavados por el arqueólogo Leopoldo Torres Balbás. Tal era la importancia del “Nicho del Mihrab” que el prestigioso arqueólogo, propuso su declaración como monumento Históri­co-Artístico, hecho que ocurrió el 11 de marzo de 1934.

La iglesia de San Juan antes de sufrir los daños de la Guerra Civil, en 1837 quedó desamortizada, pasando a poder del Estado y destinándose a parque de artillería e ingenieros, hasta que en 1878 el obispo Orberá la agregó como oratorio al colegio para seminaristas pobres. En 1889 la capilla del seminario de San Juan que se encontraba muy deterioriada fue restaurada con pavimento de mármol, presbiterio y retablo.

Vista de la calle Vista de la calle

Vista de la calle

En 1927 la iglesia se abrió al culto diario para su mejor conservación y para que sirviera de auxiliar de otros barrios, colocándose una imagen de Sta. Teresita del Niño Jesús con su respectivo altar.

En la Guerra Civil la iglesia fue asaltada, saqueada e incendiada reduciéndola a cenizas y quedando por fortuna en pie el interesante mihrab con daños. El artesonado mudéjar que poseía fue destruido en 1938 por las bombas de aviación quedando sólo algunos fragmentos. El templo tras el incendio quedó en ruinas y sin techumbre, convertido en un solar peligrando el muro de la primitiva mezquita al que estaba el mihrab adosado. San Juan pasó muchos años a cielo abierto hasta que se abrió de nuevo al culto en 1979 con un techo de uralita nada apropiado para la histórica iglesia. En 1991 la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía realizó una restauración integral de la iglesia con nueva cubierta, descubriendo en su restauración un friso decorativo de ataurique en el muro de la quibla. La Medina y San Juan tendrían que ser visita obligada de todos los almerienses y visitantes que llegan a nuestra ciudad, formando un estrecho cordón con nuestra querida Alcazaba.

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