Coronavirus Almería

Las chuches sacan de la cesta de la compra el papel higiénico

  • La adaptación a esta situación excepcional va cambiando el producto de primera necesidad por los tendadores dulces

  • La tienda de barrio, venida a menos ante las grandes superficies, recobra su importancia entre los vecinos

Clientes hacen cola a las puertas de un supermercado. Clientes hacen cola a las puertas de un supermercado.

Clientes hacen cola a las puertas de un supermercado. / Javier Alonso

El confinamiento, con dulce, sabe algo mejor. Así comienza a verse ahora la situación, después de unas primeras semanas en las que las lejas de las despensas se caían del peso de tantos paquetes de macarrones, lentejas y garbanzos. Y, por supuesto, en el cuarto de baño no cabía un rollo de papel higiénico más.

El infantil y tierno perro del Scottex ha dejado su sitio a las tentaciones de chocolate, a las adictivos osicos de gominola, a las galletas Elgorriaga de toda la vida que están más buenas con el paso de los años. Como el buen vino, otro de los productos que vuelven a comprarse en su justa medida. Como la cerveza, que en el hogar no viene acompañada de una buena tapa de morcilla, chipirones o soldados de Pavía.

Es pura psicología. Y también es comprensible, dado que el esfuerzo que está haciendo la sociedad también merece una recompensa, aunque sea gastronómica. Incluso que las malas noticias económicas es mejor tragarlas con un buen pastel casero que con los discursos políticos. Al final, el ser humano termina acostumbrándose a situaciones tan desagradables como ésta y necesita de placebos para no ver todo oscuro.

Las colas en las puertas de las tiendas de barrio o en los supermercados siguen produciéndose, no ya por el miedo a que no haya suficiente abastecimiento, sino por las medidas de seguridad. Todo el mundo se toma en serio las recomendaciones sanitarias de ir bien protegido y respetar la distancia al menos un metro. “Cuando voy a comprar guardo como normas de seguridad la distancia entre personas, guantes, mascarilla, solución hidroalcohólica al entrar y al salir, y procuro tardar el menor tiempo posible. Ya no es como antes que me paraba a mirar ofertas y productos de diferentes marcas, ahora llevo siempre listado para que sea más rápido”, indica Carmen Lozano, vecina de la Rambla, que también ha cambiado su frecuencia: “Hago compras mucho más grandes que antes para acudir el menor número de veces posible”.

Una opinión muy similar comparte María del Mar Enríquez, del barrio de Los Ángeles. “Me pongo guantes y mascarilla y llevo alcohol de manos para cuando me quito los guantes, limpiarme y desinfectarme”. Mucha gente lo ve como necesario, puesto que en los supermercados los productos pasan de mano en mano. Incluso la fruta y la verdura lo que se toca es la piel, no un plástico envolvente. Igualmente, las monedas son artículos de cambio que tradicionalmente han cambiado de dueño decenas de veces al día: “Siempre pago con tarjeta de crédito”. Rápido, higiénico y necesario en estos momentos, puesto que la tecnología contactless permite ni tocar el datáfono.

Tanta medida de seguridad al final abre el apetito. Más de un mes después, se permiten ciertos pecados en la dieta. Aquel sábado en el que se obligó a la población a estar en su casa para echar de las calles al coronavirus, marcó el inicio de muchas personas de comer abundantes frutas y verduras por salud y para evitar dispararse en peso. Quien más quien menos, hace el ejercicio que puede entre sus cuatro paredes, que siempre será inferior y menos intenso al que se hace en la calle o en un centro especializado. Por ello, la dieta mediterránea es la mejor consejera gastronómica estos días.

Los chocolates no faltan en las cestas estos días. Los chocolates no faltan en las cestas estos días.

Los chocolates no faltan en las cestas estos días.

Eso sí, a ver quién es el guapo que resiste tantas horas a la tentación del chocolate, sobre todo cuando hay pequeños en el hogar que a partir de las once de la mañana (hora normalmente del recreo) ya están que se suben por las paredes del azogue que tienen. “Nosotros compramos más o menos una vez cada siete o diez días. Lo que más compramos es leche, carne y pan, éste último para congelarlo e ir sacándolo a diario. Si hay algo que compro en este mes más que antes son galletillas, chocolate, snacks y demás garguerías para los niños”, dice con una sonrisa pícara Juanma Pascual, vecino de Costacabana e hincha incondicional de Unión Deportiva Almería y Pavía, como bien muestran las camisetas que llevan puestas tanto él como su pequeño Juan José.

En el mismo barrio, donde cada vez viven más jóvenes, Lórenzo Pérez también ha abierto un hueco en su carro de la compra las chuches que tanto le gustan a sus hijos, Lucca y María del Mar. “Nocilla, gusanitos, pringles, cruasancillos, actimel de fresa, galletillas saladas... Una tripa de fuet tampoco nos falta nunca en las compras que hago”, en la pequeña tienda de la plaza de Costacabana, que ha visto incrementado su número de compradores como nunca, más que en el mejor verano. “En los últimos días también nos hemos aficionado a pedir algunas cosas por Internet, algún juego de mesa, una máquina de cortar el pelo...”. Sin duda, la compra online está ayudando mucho durante este confinamiento por la comodidad.

Como es normal, las necesidades depende también de cada generación. Si Juanma y Lorenzo están en la treintena, quien les dobla en año no sólo no tiene el hábito de pedir por Internet, sino que hace compras bastante más clásicas. Mercedes Díaz, acostumbrada al trasiego de la calle Alcalde Muñoz, sale ahora a comprar sin la necesidad de correr en los pasos de peatones ni de echarse a un lado en las aceras cuando su carro va a rebosar de bolsas.

“Con el confinamiento he vuelto a comprar en las tiendas de mi barrio, cosa que dejé de hacer porque creía que en las grandes superficies encontraría mejores productos. ¡Qué equivocada estaba! Si voy a la panadería encuentro una gran diversidad de panes de distintos pueblos, concretamente suelo comprar de Felix. Los dulces también son artesanos: magdalenas, bizcochos, bollos de nueces y pasas...”, indica la vecina, que según sale de la panadería, entra en el local de al lado para la fruta y la verdura: “En la tiendecilla (como conocen cariñosamente a la tienda de Jesús y Toñi) da gusto comprar, nunca hay aglomeraciones. Sólo podemos pasar tres, estamos más seguros que en una gran superficieFrutas, verduras, embutido, huevos frescos ¡de dos yemas! del vecino de Jesús se que tiene una granja...”, enfatiza Mercedes mientras coloca los productos en su carro, donde ha reconocido que también hay dulces, pero no industriales. Sabia decisión.

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