ALMERÍA | Coronavirus

El último eslabón de la cadena no falla

  • Empleados de supermercados, cooperativas agrícolas o plantas de reciclaje se mantienen al pie del cañón para evitar el desabastecimiento y tratar los residuos, que se han multiplicado

Alicia López sigue al pie del cañón en el CC Almanzora de Olula desde la declaración del estado de alarma preparando los pedidos de carne Alicia López sigue al pie del cañón en el CC Almanzora de Olula desde la declaración del estado de alarma preparando los pedidos de carne

Alicia López sigue al pie del cañón en el CC Almanzora de Olula desde la declaración del estado de alarma preparando los pedidos de carne / D.A. (Olula del Río)

Ganarle la partida a esta pandemia que asola a la población requiere de una cadena bien engrasada en la que cada uno de nosotros aporta su granito de arena. Desde quienes permanecen confinados teletrabajando en su domicilio con paciencia infinita, pasando por la aplaudida labor de sanitarios en la primera línea de contención o transportistas para que el mercado alimenticio y de productos de primera necesidad mantenga el pulso.

El último eslabón de esa cadena, y no por ello menos importante, lo representan quienes desde que el Gobierno decretase el estado de alarma y se estableciera la cuarentena obligada, se mantienen al pie del cañón en sus puestos de trabajo impidiendo que cunda el desabastecimiento o se acumulen los residuos en las calles: se trata de empleados de supermercado, mozos de almacén o basureros, profesiones que se han convertido en esenciales en mitad de esta crisis sin precedentes en un mundo globalizado.

Almacenes agrícolas

Rubén Navarro Saldaña es responsable de entrada de género en la cooperativa Vicasol. En sus siete años de experiencia profesional confiesa que nunca había vivido una situación similar: “Al principio fue todo un poco caótico, el cambio fue radical de la noche a la mañana. La empresa lo primero que hizo fue implantar turnos en el almacén porque hubo que tomar las medidas de prevención de dos metros mínimo y la única forma era dividir al personal porque las máquinas están preparadas para que los trabajadores estén más juntos”.

Rubén Navarro es responsable de género en la cooperativa Vicasol Rubén Navarro es responsable de género en la cooperativa Vicasol

Rubén Navarro es responsable de género en la cooperativa Vicasol / D.A. (Almería)

En la compañía, que ahora se encuentra distribuyendo pimiento, berenjena, calabacín o tomate cherry y ya ha empezado con el melón y la sandía, aplicaron pronto las medidas de prevención para su personal: “Los EPI [Equipos de Protección Individual] llegaron poco a poco y luego los geles de desinfección. Las medidas de seguridad aumentaron al 100%, tanto para la gente externa, solo podían entrar mecánicos a reparar maquinaria con su EPI correspondiente, como a nivel interno, ya que ni siquiera los socios pueden acceder al almacén”.

Rubén asegura que los peores días ya han pasado: “Al principio con el miedo al desabastecimiento los supermercados incrementaron sus pedidos y sí que hubo un aumento de carga laboral, pero pasada una semana todo se estabilizó y volvió a la calma a nivel nacional e internacional. Los clientes tendrían miedo a quedarse sin género. La gente compraba como si no hubiera un mañana y el sentir de los trabajadores era de miedo, algo normal en una situación desconocida. Al no saber cómo afectaba ni a quién hubo incertidumbre, cuesta adaptarse, pero con el paso de los días la cosa se relajó a nivel psicológico al ver que si se hacen las cosas bien, no pasa nada”.

Lo positivo es que la ciudadanía reconoce más su trabajo: “Ahora notamos que la sociedad valora muchísimo más nuestro trabajo, hasta uno mismo desconocía el valor que tenía nuestro sector, nuestra importancia en la cadena y la salud de la gente. Gracias a Dios seguimos trabajando. Estoy tranquilo, me siento un privilegiado”.

Supermercados

Alicia López Cortes es carnicera en el Centro Comercial Almanzora en Olula del Río, donde vivió en primera persona la avalancha de compras descontroladas en los primeros días del confinamiento: “Los primeros días fueron bestiales porque la gente compraba sin reparo, como si se acabase el mundo pese a decirles que iban a seguir sirviéndonos. Se llevaban kilos y kilos de arroz o harina para hacer pan, para meses y meses, algo exagerado”.

Poco a poco y sobre la marcha fueron adoptando las medidas de seguridad necesarias para proseguir con su labor, decisiva dadas las circuntancias: “La empresa nos proporcionó mascarillas que donó una mujer que cose en Macael y guantes, también gel desinfectante. Hemos reducido el horario, antes lo teníamos partido y ahora es jornada intensiva para quitarnos la ropa al llegar a casa y poder ducharnos sin volver a la tienda. Tomamos muchas precauciones al llegar a casa, pero siempre tienes esa cosilla dentro. Entre todos los compañeros intentamos hacerlo de la mejor manera, se desinfectan los carros, pero el contacto está ahí”.

Lo que más le ha sorprendido a Alicia es lo precavida que ya va la gente: “Está muy concienciada. Al principio teníamos mucho miedo, pero ahora todo el mundo viene con guantes y mascarilla, procurando venir una o dos veces por semana. En cada sección hay líneas y cartelería para evitar que las personas se acerquen mucho y pegatinas para guardar las distancias”.

La empresa ha reconocido el sobreesfuerzo de estos días con paga extra: “Al estar en alimentación la actividad no ha cesado y no nos amenaza ningún ajuste laboral que yo sepa. En nuestro caso nos pagaron un plus de 200 euros por trabajador por el mes de marzo que la empresa va a mantener mientras esto siga así”.

Plantas de reciclaje

Francisco Javier Martínez Bernabé se desempeña como gruista en la planta de tratamiento de residuos sólidos urbanos que el Consorcio Almanzora-Levante-Los Vélez tiene en Albox y explica cómo lo hacen para evitar lidiar con posibles focos de contagio: “Cuando la cosa no estaba aún grave hubo una reunión, a iniciativa de la propia empresa, en la que nos dijeron que extremásemos las medidas de higiene y evitásemos el contacto, cosas simples, pero nos sorprendió que fuera con tanta antelación. En ese momento todos pensábamos que solo era una gripe”.

Francisco J. Martínez Bernabé, gruista en la planta de reciclaje de Albox Francisco J. Martínez Bernabé, gruista en la planta de reciclaje de Albox

Francisco J. Martínez Bernabé, gruista en la planta de reciclaje de Albox / D.A. (Albox)

Otra medida, según Francisco, ha sido la de conceder vacaciones anticipadas: “Recibimos una notificación para reducir el personal al mínimo posible y optaron por mandar a un turno de los que están en la línea de vacaciones quince días y luego se iría el otro. El sindicato nos explicó la situación para reducirlo todo al mínimo. Ahora solo se recicla una parte al suprimirse una de las dos líneas de basura, la que llega allí va directamente al vertedero. Siempre nos han proporcionado el material de protección que hemos pedido, de últimas se estaba dosificando, pero nunca nos ha faltado”.

Rubén, Alicia o Francisco Javier son tres rostros anónimos que ejemplifican la ardua labor de quienes siguen en la brecha manteniendo unos servicios mínimos básicos para que el resto de la población pueda pasar el confinamiento de la mejor forma posible. 

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