Andalucía

Candidatos de larga distancia

  • El Partido Popular ha optado por renovar la nómina de alcaldables a unos ayuntamientos que no habría perdido si sus regidores hubiesen sido más generosos con su formación

Mariano Rajoy, en el centro de la imagen, aplaude flanqueado por Juanma Moreno y Ángeles Muñoz. Mariano Rajoy, en el centro de la imagen, aplaude flanqueado por Juanma Moreno y Ángeles Muñoz.

Mariano Rajoy, en el centro de la imagen, aplaude flanqueado por Juanma Moreno y Ángeles Muñoz. / alf / efe

No son las nuevos candidatos quienes ganan las elecciones municipales, son los viejos alcaldes quienes las pierden. El cansancio ante una misma persona, la erosión en el poder y las ganas de cambio político anteceden al relevo en los ayuntamientos; por eso, es muy raro que un alcalde pierda las elecciones en su primer mandato -el ejemplo de Juan Ignacio Zoido en Sevilla es paradigmático- y casi imposible que un primer asalto dé la victoria al opositor ante regidores consolidados. La victoria de José María González, Kichi, ante Teófila Martínez en Cádiz sólo se explica por el cansancio que ya acumulaba el elector. En Cádiz hubo contrincantes mejores que Kichi en la oposición socialista y no tuvieron la mínima oportunidad, grandes alcaldes que hubiesen sido, pero que perecieron durante el Teofilato. Por eso, no hay mejor modo para que un partido siga en el mismo Consistorio que efectuar el relevo desde el alcalde a delfín, es lo que no quisieron ni Pedro Rodríguez en Huelva ni Teófila Martínez en Cádiz.

En el Ayuntamiento de Barcelona se sucedieron los alcaldes socialistas (Narcís Serra, Maragall, Clos y Hereu), desde 1979 a 2012, por este método, y es lo que Francisco de la Torre debería de imitar en los próximos años en Málaga con Elías Bendodo, príncipe de Gales de tanta larga espera.

El PP de Juanma Moreno acaba de renovar a toda su nómina de alcaldes a las grandes ciudades y capitales de Andalucía. Excepto De la Torre, todos son nuevos, no se trata de fuertes apuestas, más bien son votos de confianza para comenzar una carrera, nombres muy del PP y muy de sus ciudades para intentar el asalto en 2024, aunque algunos de ellos podría triunfar en las elecciones de junio de 2019. Si en 1995, las victorias populares en los grandes municipios avanzó la elección de José María Aznar, esta vez el PP se va a tener que conformar con consolidar o confiar algunos cambios de Gobierno a alianzas con Ciudadanos, un partido sin apenas experiencia consistorial.

Los alcaldes de Jaén y Almería, Javier Márquez y Ramón Fernández-Pacheco, pueden seguir gobernando, ellos tomaron el relevo durante este mandato, y De la Torre en Málaga parece que no tendrá problemas, pero a partir de ahí casi todo es un reto muy dificultoso. En especial, en los casos de Sevilla, Cádiz y Huelva, donde el PP ha optado por dos jóvenes patanegras, Beltrán Pérez y Juancho Ortiz, y la independiente Pilar Marín, decana de la Facultad de Ciencias del Trabajo onubense. Ortiz podría obtener hasta más votos que Kichi, pero el PSOE terminará por apoyarlo, a pesar de toda la dialéctica de los socialistas andaluces contra Podemos. Un inserto: esto ha comenzado a variar, el PSOE andaluz mira a su derecha (C's) mientras recompone su incomunicación con el eje Maíllo-Teresa Rodríguez. Ortiz y Beltrán son figuras similares, tienen el colmillo de los jóvenes del PP y tiempo para hacer una buena oposición si no logran gobernar.

En Granada, Sebastián Pérez es por fin el alcaldable del PP. Era, como Bendodo, otro príncipe de Gales. El anterior regidor, José Torres Hurtado, había exigido que él no fuese su sucesor y por eso aguantó. Y aguantó, hasta que lo detuvieron y el PP dio por perdida la plaza. Pérez lo pudo haber sustituido, pero el procesado por corrupción le guardaba una inquina nada nazarí. Es en Granada donde el partido de las municipales va a estar más ajustado, ya que el socialista Francisco Cuenca no está consolidado y C's está más cercano al PP que al PSOE, quizás por la condición de ex socialista del líder naranja, Luis Salvador. Granada, como Cádiz, son ciudades conservadoras, una más de derechas que la otra, que alterna sus regidores al compás de Carranza-Fermín Salvochea, restauración y anarquismo. Las capitales más de izquierdas siempre han sido Huelva y Sevilla, las únicas provincias además donde los socialistas siguieron ganando incluso en los peores tiempos. Tanto Gabriel Cruz como Juan Espadas son un tipo de alcaldes tranquilos, más corredores de fondo que estrellas y, por eso, posibles regidores consolidadores. A Espadas lo ayuda el ejemplo del vilipendiado Monteseirín, tan criticado como reformador de la ciudad, autor del Metro y del tranvía, de las peatonalizaciones y de las Setas, un desacierto que no empaña lo anterior. A Sevilla le vienen bien los alcaldes livianos, mejores que los barrocos, que para eso ya tienen a la propia ciudad.

Lo de Pilar Marín en Huelva sólo se explica por la crisis de este partido en una ciudad donde aún no ha digerido el posperiquismo, ejemplo de esos hombres que llenaban tanto que sólo les pudo suceder el vacío.

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