John Wick: Capítulo 3 - Parabellum | Crítica Coreografía sin diseño y sin guión

Keanu Reeves, en una escena de la tercera entrega de 'John Wick'. Keanu Reeves, en una escena de la tercera entrega de 'John Wick'.

Keanu Reeves, en una escena de la tercera entrega de 'John Wick'. / D. S.

La serie de John Wick es un negocio tan estable y seguro que las filmografías de su guionista y su director (ex especialista en escenas de acción: se les nota) se limitan prácticamente a las tres entregas (2014, 2017 y 2019) protagonizadas por Keanu Reeves, actor, éste sí, de amplísima filmografía que, sin embargo, dejando muy atrás en el tiempo y en calidades su fama primera en los 90 a las órdenes de Van Sant, Coppola, Bertolucci o Branagh, pronto se metió en facilonerías para darse por inmortal con las tres entregas de Matrix y las tres de John Wick. Todo lo demás es olvidable.

El éxito creciente de cada entrega de esta serie –desde el boca-oreja de la primera, que tuvo un modesto lanzamiento– se basa (algo tiene el agua cuando la bendice la taquilla) en la sorprendente habilidad de Chad Stahelski –sorprendente en quien no era un director profesional– para unir las complejas coreografías de las luchas con las sofisticadas calidades del diseño de producción y la dirección fotográfica. Estos son los tres puntos de apoyo –cada vez más costeados dado su éxito creciente– de estas películas que prácticamente carecen de sostén argumental hasta el punto de parecer la unión de fragmentos independientes.

Como si de un ballet se tratara, el guion es un pretexto para desarrollar el espectáculo. El diseño de producción es del excelente especialista en atmósferas negras y densas Kevin Kavanough (Nightcrawler, El caballero oscuro: la leyenda renace) y la dirección fotográfica es de Dan Lautsen, también acreditado por muy buenos trabajos entre lo fantástico y lo oscuro (El pacto de los lobos, Silent Hill y con Guillermo del Toro La cumbre escarlata y La forma del agua). Ellos, muy bien utilizados por el director, son los responsables del atractivo de esta película hueca cuyo vacío llenan colores y formas que, junto a una banda sonora que parece una descarga eléctrica, son su verdadera sustancia junto a la tremenda violencia coreografiada que revela el conocimiento del ex especialista que la dirige.

Tiene un buen e incluso lujoso reparto que reúne a Reeves con Hale Berry, Ian McShane, Laurence Fishburne y la siempre grande Anjelica Huston. Desenfrenada y excesiva, se beneficia de que en el desenfreno y el exceso, cuanto más, mejor.

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