LA CONSULTA DEL ESPECIALISTA El móvil puede afectar a tu alimentación

  • Según un estudio coreano, los que usan el celular más de 5 horas al día son más consumidores de bebidas energéticas y azucaradas, comida basura y dulces que los que lo hacen menos de dos horas

El móvil puede afectar a tu alimentación

El móvil puede afectar a tu alimentación

Quién no tiene un móvil en sus manos, incluso más de uno. Es la herramienta que más a revolucionado la sociedad en los últimos años. Cada vez más parecidos a miniordenadores con decenas de funciones; cada vez más parecidos a una cámara de fotos con instantáneas de calidad superior; cada vez más parecidos a un reproductor de música de alta calidad, pudiendo escuchar las canciones que queramos con un sonido espectacular. Lo mismo ocurre con un videojuego, una película o lo que se nos ocurra. Pero no todo es de color de rosa.

Un estudio coreano analizó el comportamiento de 53 mil adolescentes de Corea del Sur mediante una encuesta en la que se escrutaba el tiempo que permanecían delante de su teléfono, las aplicaciones que usaban, las webs que visitaban y otros parámetros. Las conclusiones fueron muy sorprendentes:

-Los chavales que usan el móvil más de dos horas al día tienen más probabilidad de consumir alimentos procesados, comida basura, menos fruta y verdura que aquellos cuyo uso es inferior a los 120 minutos al día.

-Los que lo usan más de 3 horas al día tienen muchas más probabilidades de tener sobrepeso e incluso llegar a la obesidad.

-Los que los usan más de 5 horas al día son consumidores de bebidas energéticas y azucaradas, comida basura y dulces que los que lo hacen menos de dos horas.

No hay que ser un lince para asociar el uso del móvil con el sedentarismo. Los jóvenes están con el teléfono en lugar de hacer ejercicio o actividades al aire libre que comporten un consumo mayor de energía. Al estar delante de una pantalla tanto tiempo, sobre todo cuando los tiempos duros de la pandemia donde las clases y toda la comunicación con los demás fue online. Los chavales se han acostumbrado a comer con el teléfono delante. Eso puede tener varios efectos negativos:

-Al prestar atención al terminal, se come más deprisa. No se presta atención a la comida prácticamente y engullimos en lugar de comer o saborear los alimentos.

-Al comer más deprisa se come más cantidad. El cerebro no recibe la señal de saciado y se sobrepasa la cantidad que normalmente comeríamos de estar hablando o sin prestar atención al teléfono.

Las empresas de comida o bebida basura lo saben y han colocado a la gente joven como objetivo prioritario, inundando de anuncios las aplicaciones que más usan, lanzando el anzuelo para que coman lo que no deben.Como conclusiones del estudio los investigadores diseñaron una serie de comportamientos y hábitos que pueden ayudar a evitar que los jóvenes se conviertan en una generación de obesos:

-No comas mientras usas el teléfono. Las razones son las argumentadas con anterioridad. Se debe intentar comer con otras personas ya sean amigos o familiares, socializar pero con el teléfono bocabajo.

-Instalar un limitador de tiempo o una aplicación que nos informe del tiempo de consumo de teléfono cada día. Si se sobrepasa lo estipulado, teléfono apagado. Esto puede traer consecuencias graves para la convivencia en algunas casas, y es una opinión personal. Habrá jóvenes que no quieran ni lo acepten, coincidiendo esa “prohibición” con la rebeldía asociada a la edad y cuando además, el móvil es su mayor tesoro.

Nomofobia es el miedo que provoca el olvidar el móvil en algún lugar y no poder usarlo

Un trastorno que presentan la mayoría de los jóvenes hoy día se llama nomofobia. Es la ansiedad o miedo que provoca el olvidar el móvil en algún lugar y no poder usarlo. Nos crea desasosiego la posibilidad de no poder recibir mensajes y estar desconectados del mundo exterior (amigos o trabajo). La ansiedad desaparece en el momento que recuperamos el terminal. El caso extremo es tener el móvil encima las 24 horas del día, disminuyendo el número de horas de sueño o perjudicando el rendimiento escolar o laboral, perdiendo la concentración cada vez que vibra o se ilumina la pantalla del teléfono. Eso hace difícil intentar imponer alguna restricción a la hora del uso del teléfono.

-Crear un diario nutricional de lo que se come y bebe cada día. Semanalmente se puede analizar y ver con perspectiva lo que hacemos bien y mal.

-Usa el móvil de pie en lugar de tumbado o sentado. Es como si tuviéramos un puesto de trabajo. Lo suyo es alternar esa posición con las otras y se consume menos tiempo de teléfono.

-No usar el móvil antes de dormir. La calidad de sueño es primordial y dormir las horas necesarias es imprescindible para un correcto funcionamiento físico y mental el día siguiente. El intentar dormir justo tras apagar el terminal es realmente complicado ya que el brillo y la luz de la pantalla pueden confundir a nuestro cerebro y activarlo en lugar de relajarlo. Esto evita que se pueda conciliar el sueño de forma rápida. Dormir mal altera las funciones básicas cerebrales y puede provocar que se coma con mayor ansiedad el día siguiente, así como alimentarnos de comidas ricas en azúcares para satisfacer la mente.

Las nuevas tecnologías han venido para quedarse. Se supone que para hacernos la vida más fácil. Cuando nos subimos al coche, el teléfono ya calcula el tiempo que tardaremos en llegar a casa y la ruta más rápida, sin haberlo pedido. Nos llegan anuncios de lo que nos gusta, de lo que hablamos en casa, de la música o de las películas que vemos. No podemos luchar contra las grandes compañías que mueven esos hilos, contra los algoritmos que analizan los comportamientos ni contra el progreso. Pero sí podemos usar con raciocinio ese progreso, esos terminales y que no se apoderen de nuestra vida, o de las personas más vulnerables que son nuestros hijos.

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