Huelva

"La selva tiene oídos"

  • La Milagrosa

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"La selva tiene oídos", dice uno de los guerrilleros al protagonista, Eduardo, víctima de uno de tantos secuestros perpetrados por las FARC durante los años noventa en Colombia. Al principio de la película se nos dice que el conflicto empezó hace más de cincuenta años y han intervenido en él el ejército regular, diferentes guerrillas de ideología de izquierdas y los grupos paramilitares de ultraderecha. No está mal recordar estas cosas, aunque se sepan, para tener clara la complejidad de esta lucha intolerable. La película, se nos asegura, está basada en un hecho real. No nos extraña porque sucesos como éste se han dado a cientos.

Eduardo, un joven de la clase acomodada bogotana, hijo de un senador, y su amigo de la infancia, han sido secuestrados por la guerrilla. El amigo muere y Eduardo sufre las penalidades del secuestro y las vicisitudes de los propios guerrilleros en sus acciones bélicas. Será mudo testigo de las dramáticas contradicciones del conflicto armado y de sus trágicas consecuencias.

Cuando visité Colombia rápidamente percibí una gran diferencia de clases, especialmente en las grandes poblaciones. No tardé en comprender que ésta es la raíz de buena parte de este conflicto, de las criminales aberraciones de la FARC, injustificables e intolerables, y de las indeseables causas de tanto sufrimiento. Estas imágenes que Rafa Lara nos ofrece, pueden ser, seguramente, las que han visto muchos testigos de las comunidades campesinas de la selva colombiana. Las mismas que en diversas ocasiones nos han deparado los telediarios y los reportajes sobre esta guerra inacabable. Recientemente el testimonio de Ingrid Betancourt, que fuera senadora en el Parlamento de Colombia, ha puesto de relieve las más terribles incidencias de los secuestros.

El director mexicano, otro realizador que se ocupa de los problemas de Colombia como su compatriota, Emilio Maillé en Rosario Tijeras (2005), en este film con una dura denuncia del sicariato, pudiera dar a entender una intromisión en un asunto muy local y lejano para él. Pero no sería la primera vez que una visión exterior fuera más eficaz que la propia. Se ha esforzado en retratar la situación como es, consiguiendo una buena ambientación y un estremecedor realismo en algunas imágenes, especialmente las de los duros combates y las calamidades de los secuestradores y sus sufrimientos.

Todos son víctimas en estos enfrentamientos sangrientos, verdugos y víctimas, y ello está en la historia. Puede haber concesiones de índole sentimental o un efectismo que va más allá del puro testimonio. Pero parece un alegato valiente que pueden criticar, como así ha ocurrido alguna vez, quienes, fieles a sus trasnochadas ideologías, traten de situarse en ocasiones a favor de tan criminales actitudes. En esta batalla no hay ni buenos ni malos. Todos salimos perjudicados.

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