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Promesas incumplidas, el lastre de Tsipras

  • La única duda de las elecciones de este domingo, según las encuestas, es la amplitud de la victoria conservadora

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, durante el gran mitin del viernes en la Plaza de Syntagma de Atenas. El primer ministro griego, Alexis Tsipras, durante el gran mitin del viernes en la Plaza de Syntagma de Atenas.

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, durante el gran mitin del viernes en la Plaza de Syntagma de Atenas. / YANNIS KOLESIDIS / efe

Los griegos acuden este domingo a las urnas determinados al parecer a cambiar de Gobierno y a dar su voto a los conservadores, no tanto por convicción sino como una forma de castigar a Alexis Tsipras por las promesas incumplidas, a pesar de que, bajo su gestión, el país ha empezado a recuperarse.

El primer ministro dice no buscar "una segunda oportunidad, sino la primera", ya sin rescates

"Yo voté a Syriza. Tsipras nos engañó al hacernos creer que acabaría con los rescates, que revocaría esto o aquello. No ha hecho nada, es un mentiroso. Por eso vamos a votar a Nueva Democracia, porque tenemos esperanza, siempre vivimos con esperanza. Creemos en las promesas. Incluso si (Kyriakos) Mitsotakis (el líder de Nueva Democracia) miente, nunca será tan mentiroso como Tsipras".

Estas palabras de Spyros Grammenos durante el mitin final de Nueva Democracia son el paradigma de lo que sienten los griegos justo cuatro años después del referéndum en que el pueblo dijo "no" a más rescates, mensaje que Tsipras optó por desoír para firmar el tercero, el que supuestamente salvo a Grecia de la salida del euro.

Bajo un cartel con el lema de la campaña Unidos podemos, con la Acrópolis como telón de fondo y entre los vítores de miles de seguidores que le gritaban "Mitsotakis, Mitsotakis", el líder de Nueva Democracia apareció el viernes en el estrado completamente seguro de su victoria. "A partir del lunes caminaremos unidos y con las mangas arremangadas hacia una Grecia mejor", asegura quien en 2019 se ha convertido para muchos en el símbolo de esperanza que encarnó Tsipras en 2015.

Todas las encuestas le dan como mínimo una ventaja de ocho puntos y la única incógnita que se plantean las encuestas es si Nueva Democracia logrará o no la mayoría absoluta de los escaños.

Mitsotakis prefiere no confiarse demasiado y ha pedido a los electores no hacerlo tampoco. Sólo si Nueva Democracia logra la mayoría absoluta habrá Gobierno, asegura. De lo contrario, habrá nuevas elecciones. En ese caso, la formación de un Gobierno sería aún más difícil porque éstas son, en teoría, las últimas elecciones en las que hay un bonus de 50 escaños para el partido ganador.

El Ejecutivo de Tsipras abolió este privilegio pero seguirá vigente hasta la próxima legislatura. Mitsotakis ha prometido que dará marcha atrás a este cambio.

Las elecciones se celebran en plenas vacaciones escolares, lo que podría llevar a una baja participación, aún mayor que las registradas en comicios anteriores.

El líder conservador sostiene que sólo un Gobierno de Nueva Democracia puede garantizar que la economía coja fuerza. Promete bajar impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social, mantener las ayudas a los necesitados y una renegociación con los acreedores de los objetivos fiscales del país.

Como si se hubieran cambiado las tornas, Tsipras le contesta que estas promesas son inalcanzables sin recortar prestaciones y le acusa de tener una agenda oculta.

Ambos han prometido que, de ganar las elecciones, aliviarán la carga fiscal de la clase media, especialmente vapuleada durante los diez años que dura ya la crisis.

Pero Tsipras no quiere darse por vencido. En una Plaza de Syntagma abarrotada, el primer ministro arengaba el viernes a sus seguidores: "el domingo cada uno de vosotros tiene que tomar a otra persona de la mano e ir a votar... Podemos derrocar a las encuestas". "No buscamos una segunda oportunidad, sino la primera. Ahora que ya no hay rescates somos los griegos los que pueden decidir qué política hacen", afirma.

A los que le reprochan de mentiroso, les contesta que cumplió su promesa de sacar a Grecia del rescate y les recuerda que asumió las riendas de un país en bancarrota, con la economía por el suelo y un paro galopante. A día de hoy, dice, Grecia vuelve a tener crecimiento, las empresas ya no echan el cerrojo y el paro bajó casi diez puntos.

A los ciudadanos, sin embargo, las cifras les dicen poco. Aunque los datos macroeconómicos han mejorado, mucha gente sigue sin percibir una mejora, pero sobre todo sienten enfado por las promesas incumplidas, por las 102 muertes en los devastadores incendios de hace un año y por el acuerdo sobre el nombre de la ahora llamada Macedonia del Norte que consideran una traición.

Todo apunta a que se cumplirá la regla de que cada rescate griego se cobra un Gobierno.

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