Análisis

raúl piñeiro

#AlfonsoGarcíaFueradeAlmería

Las redes sociales echan humo desde ayer, cuando Fran Fernández anunciaba que va a dejar el club al final de temporada. Un hashtag en twitter, que comparto y uso como título de esta columna, corrió como la pólvora: #AlfonsoGarcíaFueradeAlmería. Un mensaje claro, el domingo la afición, de una vez por todas, tiene que decir hasta aquí hemos llegado y mostrar su enfado al presidente, que no se puede ir de rositas ante el enésimo despropósito de su mandato, que estamos convencidos no será el último, vistos los antecedentes. Es hora de que la grada tome la palabra y deja la complacencia para otros menesteres. Además de cornudos, apaleados. Fran Fernández fue lo único a lo que nos pudimos agarrar el verano pasado tras lograr una permanencia inverosímil en la última jornada. El entrenador zapillero le dio sentido al sinsentido de no proyecto formado por Alfonso y sus secuaces, con un equipo cargado de jugadores que eran toda una incógnita. FF fue incluso más lejos, logrando la permanencia de forma holgada y coqueteando con la promoción de ascenso hasta el pasado fin de semana. Fran había devuelto la ilusión a la afición y el orgullo al escudo. Pero todo esto era insuficiente para el presidente de la entidad, que nunca llegó a confiar en el técnico almeriense, al que le dio el equipo casi que por clamor popular y tras la negativa de otros entrenadores. Alfonso García Gabarrón no ha valorado nunca el trabajo de Fran Fernández. El sueldo del almeriense era irrisorio, de largo el más bajo de la categoría. La oferta de renovación, pese a doblarle el sueldo, era insuficiente y seguía siendo el peor pagado, de largo, de la categoría. Y encima era un contrato por un año, sin miras de futuro, con la esperanza de largarlo a las primeras de cambio, a la primera crisis. Y todo eso, mientras que el equipo se devalúa una temporada más, marchándose los baluartes y empezando de nuevo desde cero. El domingo, la afición tiene la palabra. Todo lo que no sea una gran bronca al palco será poner la otra mejilla y una invitación a que Alfonso siga ninguneando al club, a la afición y a la ciudad. Nos estamos jugando nuestro futuro.

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