AD Alcorcón-UD Almería I Contracrónica

La pieza de Portillo encaja a las mil maravillas

  • Golpe de mando táctico del míster para arrancar el motor de un Almería que es otro con más jugones en la medular

  • El equipo necesitaba como el comer las apariciones y la calidad entre líneas que aporta el malagueño

  • La crónica del partido

Portillo abraza a Sadiq tras el 0-2.

Portillo abraza a Sadiq tras el 0-2. / LaLiga

A Rubi no le gustó nada lo sucedido en El Toralín y cinco días después, decidió revolucionar el once para cortar la sangría fuera de casa. Esquema invariable, pero varias caras nuevas y, sobre todo, sorprendentes salidas del once para darle al equipo más presencia en el centro del campo, línea totalmente superada por Amorebieta y Ponferradina en las jornadas anteriores.

La presión adelantada de los rivales había conseguido desactivar a los rojiblancos. Faltaba gente en la sala de máquinas que aportara a la hora de sacar el balón. Ante ello, el técnico decidió contar con cuatro peloteros como Samú, De la Hoz, Robertone y Portillo, y prescindió de jugadores más verticales, como Lazo y Curro. Rubi quería volver a dominar el encuentro, tener el balón en un estadio y ante un rival que iba a proponer un partido muy parecido al de las dos últimas derrotas foráneas.

El encuentro comenzó como el de Lezama, con gol rojiblanco en la primera llegada. Pero hubo diferencias notables en su ejecución. Entonces fue un disparo fortuito de Curro y ayer el tanto vino de una gran jugada, que comenzó con un pase picado por Ramazani, un gran desmarque sorprendiendo desde atrás de Robertone y un Sadiq con la caña preparada para aprovechar el rechace y fusilar. No se había jugado nada, aunque la primera impresión fue la de un Almería mejor colocado que hasta ahora, sin tanta dificultad en las salidas, funcionando como un bloque en la parcela ancha, la que le gusta dominar a Rubi.

Así se gestó el primero, así se gestó el segundo y así es como tiene que jugar un equipo que pretende dominar sus encuentros en una categoría eminentemente física como es la de plata del fútbol español. Con superioridad numérica en la parcela ancha, se jugaba a lo que quería Portillo, uno de los jugadores de más calidad de los rojiblancos. El malagueño recibió, controló y puso un pase en profunidad que era medio gol. El otro medio lo firmó Sadiq, con un regate espectacular en el área chica y definición con la zurda. 0-2, pero sobre todo sensación de superioridad, de imponer el fútbol y el ritmo del partido.

El Almería fue otro con más presencia en el centro del campo, estaba junto, funcionó como un bloque en defensa y ataque

El dominio era abrumador. Por primera vez esta temporada, se notaba la diferencia real entre un Almería que busca la Primera División y un rival con objetivos mucho más humildes. La pieza de Portillo encajó a las mil maravillas en un puzzle que empezaba a coger la forma. El Almería jugaba a placer y, sobre todo, llegaba a ráfagas a la meta de Dani Jiménez. Al borde del descanso, acumuló tantos jugadores en el área local el equipo de Rubi que Carlos Hernández, al ir a despejar, se encontró la pierna de Ramazani y le hizo penalti. Lo lanzó Sadiq, que debería de dejar a un compañero con mejor pierna, y el 0-3 subió al marcador tras dar en el larguero y rebotar en la espalda del meta.

La segunda parte iba a durar lo que al Alcorcón las fuerzas si el Almería seguía igual que hasta el momento. Con los cambios, los alfareros se lanzaron en busca de algún tanto que limpiara su imagen y diera alas para una improbable remontada. Era el momento de echarle formol al choque, de no entrar en el torbellino de ida y vuelta que iban a proponer los de Anquela. Hubo unos cuantos minutos para el miedo, en los que incluso se anuló un gol al Alcorcón por claro fuera de juego, y el Almería se dejó de tonterías. Recuperación arriba, otra de las grandes virtudes con este cambio táctico, y pase medido de Robertone a Pozo. Mismo chut que la semana pasada le sacaron bajo los palos en Ponferrada, ayer entró para poner el 0-4. Es la diferencia que otorga la confianza, la sensación de superioridad le come la moral al rival y hasta parece cambiar la suerte.

Los tres puntos son valiosos para no descolgarse de arriba, pero sobre todo por cortar la mediocridad mostrada fuera de casa. Todo esto habrá que refrendarlo dentro de una semana, cuando el Tenerife visite el Mediterráneo. Después de la prueba de fuego que no se superó en el Bierzo, ahora llega otra interesante piedra de toque, que los rojiblancos deben de afrontar con las armas mostradas en Santo Domingo. Nunca es tarde si la dicha es buena.

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