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Historias de la calle, la realidad gris a la que se enfrentan los sin techo

  • Durante la pandemia, los indigentes recibieron víveres e información gracias a los voluntarios de Cruz Roja

El Centro de Atención Social de Almería, donde se encuentra el proyecto UES. El Centro de Atención Social de Almería, donde se encuentra el proyecto UES.

El Centro de Atención Social de Almería, donde se encuentra el proyecto UES. / Cristina M. Sicilia

En una escena de Her, película dirigida por Spike Jonze, los protagonistas comienzan un juego. Este consiste en imaginar cómo son las vidas de las personas con las que se cruzan. “A veces intento ver a la gente cómo algo más que individuos a voleo que pasan por ahí”, relata uno de los personajes. Y es que detrás de cada persona se esconde una historia, incluso en el caso de los sin techo, a los que diferentes circunstancias les derivan a un denominador común, la calle.

Dos hermanos bielorrusos que a raíz de problemas familiares emigran a España, donde residen desde hace más de 10 años, trabajan en condiciones precarias y sobreviven como pueden. Una pareja que coquetea con las drogas desde temprana edad. Recaídas, prisión e indigencia parece que marcarán sus vidas hasta el final de sus días. Pero su realidad cambia cuando deciden pedir ayuda. Él con 55 años; ella con 38. Ambos todavía con un futuro por delante, gracias a que dejaron atrás su adicción. Historias que cuenta Matilde Cobo, más conocida como ‘Mati’. Ella es voluntaria de UES (Unidad de Emergencia Social), un proyecto de Cruz Roja que se encarga de atender a las personas sin hogar. “Trato de no meterme en sus vidas, pero siempre me cuentan algo”. Mati es una voluntaria veterana, pues ya lleva una década involucrada en causas humanitarias. Explica que todo comenzó cuando se jubiló de manera anticipada, “quería invertir mi tiempo en algo”. Fue entonces cuando se apuntó a Cruz Roja, una vez allí, inició su aventura solidaria en 'Toxicomanías', proyecto que aún no ha abandonado, y que además, compagina con otros. Asume su papel de voluntaria y se vuelca en ello. Aunque sostiene que trata de separar esas situaciones de su vida personal. Pues en la calle presencias miles de historia ásperas, “en el momento claro que me afectan, pero cuando llego a casa, desconecto”.

A la izquierda, Fátima Cayo, responsable de UES; a su lado, la voluntaria Mati. A la izquierda, Fátima Cayo, responsable de UES; a su lado, la voluntaria Mati.

A la izquierda, Fátima Cayo, responsable de UES; a su lado, la voluntaria Mati. / D.A

Por otro lado, Fátima Cayo, responsable de UES, explica que este plan cuenta con unos 90 voluntarios que realizan tres veces por semana dos rutas, una por la playa y otra por interior. Su misión es detectar a las personas que viven en la calle, y en base a eso, facilitarles una ayuda. Para ello, “los voluntarios son esenciales porque, al fin y al cabo, conocen la realidad de la calle”. Asimismo, Fátima declara que la manera de acercarse a ellos es proporcionándoles una comida reparadora, un kit de higiene, e incluso si es necesario, una manta. Sin embargo, debido a la crisis de la covid-19, “pasamos de ser una comida reparadora y una unidad de acercamiento social, a satisfacer las necesidades básicas en calle”. Es por eso que, dada la situación, aumentaron el número de comidas, también informaron a los sin techo de lo que estaba sucediendo, además de ofrecerles mascarillas y monodosis de gel hidroalcohólico.

Laura González, directora de CASA. Laura González, directora de CASA.

Laura González, directora de CASA. / Cristina M. Sicilia

Durante el estado de alarma, el centro permaneció abierto y siguieron saliendo en rutas, principalmente, “porque muchos no vienen a CASA, y por eso, los voluntarios salen a buscarlos”, aclara Laura González, directora de CASA (Centro de Atención Social de Almería). Está ubicado en la calle Traviata de la capital y engloba tres proyectos: Inmigrantes, Drogodependencias y Personas Sin Hogar. Lo cual facilita bastante la tarea, ya que según avala Laura “existe coordinación entre los planes”. A veces se dan casos en los que las personas atendidas, además de sin techo, son extranjeros y adictos. Aun así, aclara que no tienen por qué darse íntegramente estos factores. Pues no todos los indigentes consumen. Entonces Mati, la voluntaria de UES, recuerda que hace unos días, fue allí un hombre que no toma sustancias y que intenta salir de la calle, “tiene planes, pero necesita un impulso”. Y es que los sin techo son gente de todo tipo. Los hay toxicómanos, y también limpios; los que son inmigrantes, y otros que no. En definitiva, personas sin recursos que precisan ayuda para salir de la calle. 

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