Crónicas desde la Ciudad

Casa Puga, siglo y medio (y III)

  • Trilogía. Con esta tercera dominical finiquito el prólogo dedicado al icónico establecimiento de la calle Real. Ya bajo la dirección de sus nuevos propietarios: Servicios Hosteleros la Catedral S.L.

Casa Puga, siglo y medio (y III) Casa Puga, siglo y medio (y III)

Casa Puga, siglo y medio (y III) / D.A. (Almería)

Tercera y última entrega de la trilogía con la que prologué al por ahora nonato “150 años de Casa Puga en Almería”; librito que pronto, muy pronto, verá la luz editorial. Y tercer domingo en el que los españoles, a poco que pasen unos días, vislumbraremos un futuro placentero. Para ese día de su doble reapertura –la primera, con los nuevos propietarios, tuvo lugar el 27 de abril de 2015-, con la calle Real de acera a acera, deberemos ir pensando en un brindis general entre amigos y clientes (valga la redundancia) a manera de catarsis liberizadora, sin la presencia de arribistas que permanecen ajenos y contrariados con las directrices que por el bien común dictan diariamente las autoridades sanitarias y portavocías del gobierno de la nación.

PUGA, MARCA REGISTRADA

Ahora sí damos carpetazo al prólogo encargado por la dirección de Servicios Hosteleros La Catedral S.L. y Pablo Amate. Desde 1947 la razón social tuvo en Leonardo Martín a su nuevo responsable. Ya en Almería (procedente de la Alpujarra) matrimonió con Dulcenombre López y fueron padres de Leo, José y Dulce. Parece un galimatías familiar de apellidos y domicilios, pero no lo es tanto. Con el inestimable apoyo de su esposa, Leo senior, trabajador perseverante en tiempos muy difíciles, logró sacar adelante el maltrecho traspaso de su tío político. Muchos desvelos e infinitas horas, honradez a carta cabal, trato correcto al cliente (su mejor patrimonio) y una oferta de garantía pese a las dificultades del racionado mercado de posguerra. Ahí estuvieron las claves del éxito. Beneficiada, como comentaba, por el enclave físico: en el cruce de las calles Real, Tiendas y Lope de Vega (donde se asoma la cocina y anteriormente existía otra puerta de acceso a la barra). Próxima a Plaza Vieja y Ayuntamiento y colindante al monasterio de La Encarnación “Orden de Santa Clara”. Respecto a las “tapas regulares” que señala la carta, conviene aclarar que nada tienen que ver con las “extraordinarias” o “especiales del día publicitadas por la competencia: “regulares” en cuanto a su bondad constante, y mantenidas en las cuatro estaciones climatológicas.

A la muerte de Leonardo Martín, sus hijos Leo y José tomaron las riendas del negocio

A la muerte del pater familia en octubre de 1986, los hijos varones tomaron las riendas del negocio. Leo y José tuvieron el acierto de mantener las tradiciones de la Casa, incorporando paulatinamente una oferta gastronómica al gusto de nuevos demandantes. Satisfaciendo a los clientes veteranos (Manolo, practicante de la plaza Pavía fue, con 91 años, el decano); turistas nacionales y extranjeros o jóvenes (en progresivo aumento) que copan mostrador y mesas. Como ya sucediera con los actores Anthony Quinn, Claudia Cardinale, Antonio Gala, Paco Rabal o Concha Velasco. Y otros “ilustres” más cercanos: el radiofonista Juanjo Pérez (diseñador de su anagrama), los caballerosos Ricardo Pérez y Justo Amat o los vendedores ambulantes El Piripi y Fernando Mora “El Malagueño”: “¡Los borrachos a la calle… Y los maricones al Parque!”. Cantinela repetida cada tarde entre camareros, clientes y el bueno de Fernando.

Todos forman parte del anecdotario de Casa Puga. Tanto como los dos premios mayores de la Lotería distribuidos entre la clientela; la jornada gratis et amore cada 31 de diciembre (con los gorrones controlados) o los bocadillos de jamón que les prepararon a los hijos de Adolfo Suárez (veraneantes en Almería) para su viaje a Madrid cuando fue nombrado presidente del Gobierno en julio de 1976

Casa Puga Casa Puga

Casa Puga / D.A. (Almería)

COROLARIO

El grado de integración con la sociedad que la sustenta le lleva a colaborar en múltiples actividades ciudadanas. A modo de ejemplo valga el Carnaval, al que abre sus puertas con generosidad; el apoyo a las tradicionales fiestas de San Antón y Casco Histórico o las aportaciones a la Semana Santa capitalina, en que la calle Santo Cristo y las aledañas Jovellanos, Tiendas, Lope de Vega y Mariana forman (y formarán) parte del itinerario habitual de hermandades y cofradías camino de la catedral. Y punto de cante de los saeteros de la peña flamenca El Morato.

Llegado al final del relato, cualquier introducción que se precie debe dejar testimonio escrito de su personal dirigente y laboral; de los hombres y mujeres que desde el despacho, cocina, barra y comedor atienden solícitos a los veteranos y primerizos que acuden diariamente a un genuino templo del buen yantar y salutífero beber. Ellos son la piedra angular que sostiene el prestigio de tan ensolerada Casa. Con nuestro recuerdo a los muy veteranos Juan García, Guillermo Rodríguez, Antonio Acosta, Pepe Iborra (hoy dueño y alma mater del Bar Montenegro, en plaza Castaños). Sin olvidar a Adolfo Pageo (jubilado) y a Juan Martínez, cónsul plenipotenciario del gergaleño Aulago. Helos aquí. Salud y suerte:

Presidente y consejeros de “Bar Casa Puga S.L.”: Antonio Cantón, Lázaro López y José Torrente

Gerente: José Ángel Pastor

Personal de cocina: Ana del Águila, Vanesa Duarte, Escolástica Pérez y Soledad Alarcón

Personal de barra/comedor/plancha: Rafael Alarcón, Diego Montoya, Moisés Lara, Rubén Mañas, Ángel Rico y David Ayala

Con nostalgia recordamos a dos clientes pintorescos: El Piripi y Fernando el Malagueño

Saeta al Sepulcro en Casa Puga. Niño de las Cuevas Saeta al Sepulcro en Casa Puga. Niño de las Cuevas

Saeta al Sepulcro en Casa Puga. Niño de las Cuevas / D.A. (Almería)

HOTEL CATEDRAL

Puesto que Puga y Hotel Catedral forman un binomio indisoluble, es obligado pergeñar un ramillete de líneas sobre el decimonónico edificio burgués, construido hacia 1850 posiblemente por el arquitecto Joaquín Cabrera. Una bella casona unifamiliar alzada en el que fuese arrabal de la Musalla y posterior centro neurálgico de la Almería cristiana a partir del siglo XVI. Con vecinos eclesiásticos señeros: la catedral (de la que toma el nombre), palacio episcopal, seminario diocesano de San Indalecio y Real Monasterio de la Inmaculada (Las Puras). El aljibe del s.XI que conserva en su interior perteneció, presumiblemente, a la almunia (finca de recreo) de un adinerado musulmán al que le expropiaron durante el. Repartimiento. Transcurridas las centurias, pasó a propiedad del marqués de Dos Aguas y de la familia Fornieles Cara, teniendo como inquilinos, que sepamos, al Colegio Oficial de Practicantes. Restaurada exquisitamente por Manuel A. Zurita Ramón, conserva los estucos, tres airosos arcos gótico-medievalistas, el original artesonado neomudéjar y la fachada original. Dispone de 20 habitaciones y una espléndida terraza con vistas sobre la Alcazaba. Es el primer “hotel con encanto” de Almería y el primero en conseguir la “Q de Calidad Turística”.

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