CORONAVIRUS ALMERÍA Turismo en cuarentena: del bienvenidos al no pasarán

  • Municipios almerienses refuerzan los controles e incluso ponen barricadas para frenar a los que, desoyendo las recomendaciones sanitarias, tratan de llegar a sus segundas residencias en pleno estado de alarma

Uno de los muchos controles de acceso que se han realizado durante estas últimas semanas en Mojácar. Uno de los muchos controles de acceso que se han realizado  durante estas últimas semanas en Mojácar.

Uno de los muchos controles de acceso que se han realizado durante estas últimas semanas en Mojácar. / D. A. (Almería)

Con la finalización de una atípica Semana Santa, sin procesiones ni actos públicos debido a la crisis sanitaria del coronavirus, pasa de largo con mucha pena y nada de gloria la primera gran oportunidad que presenta el calendario cada año para reforzar los cimientos de una hostelería almeriense que, en esta ocasión, está cerrada a cal y canto desde que se decretó el estado de alarma el pasado 14 de marzo. Ha pasado ya más de un mes para un sector hostelero parado en todos los municipios costeros de Almería que ya por estas fechas allanaban el camino hacia un fructífero verano gracias al turismo. El panorama en este 2020 es muy distinto al de años anteriores.

La lucha por frenar la expansión de la covid-19 en España ha provocado una situación inimaginable a principios de año. En los lugares de la costa de Almería que viven del sector turístico se ha pasado de preparar las distintas campañas para atraer a los foráneos en este 2020 a tener cerrados sus accesos por carretera para evitar la llegada de turistas o familias que buscan pasar el confinamiento en sus segundas residencias, desoyendo éstas últimas las recomendaciones de las autoridades sanitarias de no abandonar sus ciudades. Estos casos han generado varios conflictos desde que comenzó la cuarentena.

Policía, Guardia Civil, Ejército están realizando numerosos controles en localidades del Levante

“Esto parece verano, han venido un montón de madrileños”, fue la frase más escuchada en el Levante almeriense los días previos a hacerse efectivo el confinamiento obligatorio. Aprovechando el parón escolar y el cese de diferentes actividades laborales, numerosas personas hicieron caso omiso a la recomendación del Gobierno, bajo riesgo de multas desde 600 euros hasta 30.000 (si hay reincidencia) de no desplazarse a otros sitios y empezaron a llegar a las calles mojaqueras, veratenses o garrucheras, generando una gran preocupación entre los vecinos oriundos de dichos lugares, que empezaron a mirar con cierto recelo a todos esos recién llegados desde lugares como Madrid, que era el mayor foco de contagio, a dichos pueblos en plena crisis del coronavirus. También se criticó este comportamiento duramente en redes sociales, lo que viralizó un conflicto que incluso empezó a crear episodios algo tensos.

Uno de los controles en Mojácar. Uno de los controles en Mojácar.

Uno de los controles en Mojácar. / D. A. (Carboneras)

En las primeras 24 horas del estado de alarma, los vecinos de Antas reprocharon a un camión de mudanzas llegado desde Tarragona que estuvieran descargando las maletas de una familia que tenía previsto pasar la cuarentena en el municipio antuso. La Guardia Civil tuvo que hacer acto de presencia y el camión se vio obligado a volver a tierras catalanas. También se llamó la atención en el primer fin de semana de confinamiento a una pareja en Garrucha que quiso acceder a la playa. Varias semanas después, con la curva de contagios en pleno crecimiento, una familia procedente de Madrid generó mucha indignación en Turre por su reciente llegada al municipio, por lo que los vecinos avisaron a las autoridades, quienes certificaron que se habían saltado el confinamiento.

Durante los días de Semana Santa, todos los consistorios decidieron, con la ayuda de la Guardia Civil e incluso del Ejército, reforzar los controles en las entradas y salidas de sus términos municipales, en los que ya se habían anunciado cierres de edificios públicos, parques, playas, suspensión de actividades culturales y deportivas. Pese a ello, según ha podido saber este diario tras ponerse en contacto con varios vecinos de diferentes pueblos de la costa almeriense, aunque han sido pocos, han seguido llegando visitantes a sus segundas residencias, pese a ello.

En Laujar, Fondón y Fuente Victoria cortaron los accesos hasta con piedras de grandes dimensiones. En Laujar, Fondón y Fuente Victoria cortaron los accesos hasta con piedras de grandes dimensiones.

En Laujar, Fondón y Fuente Victoria cortaron los accesos hasta con piedras de grandes dimensiones. / D. A. (Almería)

No solamente la costa se ha blindado ante este problema de la posible llegada de foráneos. A finales del pasado mes de marzo, Laujar, Fondón y Fuente Victoria decidieron crear bajo consenso un “anillo de seguridad” que cerrase por completo dicha zona del Valle del Andarax, velando así por la protección y la salud de todos sus vecinos. Para ello se usaron vallas y piedras de grandes dimensiones, a modo de barricada, para impedir el tránsito de vehículos por diferentes vías alternativas de entrada a dichos pueblos de la Alpujarra almeriense, muy visitados también por estas fechas.

En algunos casos se habría llegado a ordenar a varios visitantes regresar a sus ciudades

Uno de los enclaves que más nota el incremento de su población cada año desde el Jueves Santo, gracias al turismo, es el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. “En la zona de arriba del pueblo se han visto algunos coches que llegaron nuevos, aunque días antes le pregunté a la chica del supermercado y me comentó que por el momento no lo estaba notando. Sí sé que hay gente que está llamando para que vengan a controlar. Estuvo el Ejército y llamarían cada dos o tres días para ver si llegaba gente nueva durante la Semana Santa”, comenta Erika, una joven vecina de La Isleta del Moro, cuya familia regenta un negocio que hay a pocos metros del que tiene Antonio Fernández, que aseguraba el último sábado de Semana Santa que “la cosa por aquí está muy tranquila, hay vigilancia, pero un día nos encontramos un forastero de nacionalidad italiana paseando con su bici y al verlo el primer vecino se dio aviso de que estaba incumpliendo el confinamiento y al parecer explicó a los policías que no podía hacer la cuarentena porque no tenía techo”.

Sí se ha notado la llegada de visitantes durante estas últimas semanas en San José, lugar en el que saltaron las alarmas el pasado día 8 de abril tras la publicación vía Facebook de una trabajadora de un supermercado que se quejaba de un supuesto “aluvión de gente de Almería y de fuera que se está viendo estos días por aquí”, además de preguntar “dónde estaban los controles”. Este diario pudo hablar con un vecino y trabajador de un negocio de alimentación del municipio nijareño. “Tiene parte de razón, entraron entre el fin de semana y el martes, a sus segundas residencias. No es que llegaran muchos, pero sí se ha notado. Tuve clientes nuevos que no había visto el resto del año. De Madrid, Cuenca, Badajoz...”, asegura Andrés Fuentes. La Guardia Civil estuvo Jueves y Viernes Santo en el acceso a San José para evitar más entradas, llegando incluso a tocar a las puertas de algunas viviendas donde se encontraban familias que llegaron al pueblo días antes, para presuntamente darles orden de que volvieran a sus ciudades.

Imagen de la Playa de Mónsul en plena Semana Santa. Imagen de la Playa de Mónsul en plena Semana Santa.

Imagen de la Playa de Mónsul en plena Semana Santa. / D. A. (Almería)

Por otro lado, Fuentes destaca que “aunque no está bien lo que han hecho, los pocos que han venido son más conscientes a la hora de usar bien las mascarillas y los guantes que los que somos de aquí. No han venido a la playa ni a pasearse, hay que ponerse en su lugar también, ellos buscan seguridad y tranquilidad, como todos”. En este confinamiento los visitantes han visto como el tradicional cartel de bienvenida ha cambiado de forma obligatoria por el de no pasarán, para salvaguardar la salud de los vecinos, en las entradas de los numerosos pueblos de la provincia de Almería, sobre todo en los costeros y más turísticos, que en circunstancias normales hubiesen acogido con los brazos abiertos, como han hecho siempre, a cada uno de esos turistas potenciales a los que a día de hoy piden que se queden en sus ciudades.

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