Coronavirus Almería La calle de las (tres) Tiendas

  • De casi alcanzar una treintena de negocios en un momento dulce a quedarse con sólo dos establecimientos de alimentación y uno de parafarmacia y dietética. Los únicos tres que no han bajado la persiana ganan clientela en una de las arterias comerciales de más solera de la ciudad

La calle de las (tres) Tiendas La calle de las (tres) Tiendas

La calle de las (tres) Tiendas / Iván Gómez

Ni rastro del bullicio de los coloquio sobre moda a dos y tres bandas frente a los escaparates, ni del trasiego permanente de personas, ni del zumbar de los patines y bicis de los niños que acompañan obligados a sus padres a hacer compras en esta arteria comercial que une la calle Jovellanos con la Puerta Purchena. El silencio, sobre todo en horario vespertino, permite escuchar el canto de los pájaros y hasta la charla de un vecino en su terraza. Es otra de las imágenes insólitas de la ciudad en la cuarentena.

La calle de las Tiendas ha dejado de latir en el corazón de la ciudad desde que el estado de alarma conllevara cierre de casi todos los establecimientos que tuvieron que bajar la persiana, no sin resignación, en cumplimiento de las medidas decretadas para neutralizar la propagación de la pandemia. Apenas tres de una treintena siguen abiertos al público hoy, dos de alimentación y uno de nutrición y parafarmacia, y se han convertido en imprescindibles para el abastecimiento de los vecinos en tiempos de mascarilla y confinamiento. Uno de los centros neurálgicos de la capital en el pequeño y cercano comercio y lo artesanal, tanto en textil como en comestibles, sólo recibe las visitas de los vecinos que se ven obligados a salir a la calle para llenar su despensa.

Recorrido por la calle de las Tiendas en el corazón de la ciudad

La crisis sanitaria derivada de la COVID-19 ha redescubierto a los almerienses que se pueden nutrir sin problema a escasos metros de su hogar en las tiendas del olvido, las del pan y agua, para evitar el desplazamiento a los supermercados y centros comerciales. Cada vez son más los almerienses que recurren a estos negocios para llenar su frigorífico y precisamente dos, la Tiendecilla y Gourmet Fresh, los reciben a diario en la calle de las Tiendas. El tercero que permanece abierto en el número 25 está centrado en la dietética y parafarmacia, Santiveri. Con un precinto en la misma puerta que impide el acceso al local, mantienen la entrega de pedidos y productos a los clientes. Y a escasos metros, en la confluencia con la calle Azara, se encuentra otro de los comercios de toda la vida, la droguería Juanjo, aunque no computa en el recuento de este emblemático enclave, denominada en su día calle de las Lencerías.

Después de unos años en los que había remontado el vuelo y adentrarse en sus entrañas evocaba los tiempos de bonanza comercial que han vivido cientos de generaciones de almerienses, los estragos del coronavirus han vuelto a convertir este símbolo de la ciudad en un páramo, un desierto en el que sobreviven tres oasis. "Me da mucha pena ver la calle tan vacía, los comerciantes tenemos muy buena relación y nos ayudamos siempre", comenta Pepi Velasco, propietaria de la Tiendecilla. Es como si fuera una gran familia mermada por el distanciamiento y las restricciones de apertura de la mayoría de negocios. "A veces miro la calle y no me lo creo, echamos de menos al resto de tiendas, aunque a algunos puedo seguir viéndolos porque les llevo pedidos a casa", argumenta Davinia Burcutean de Gourmet Fresh. Cuando la pesadilla covídica se quede atrás, han previsto una iniciativa en la que ya trabajan, una actividad o pasarela para la promoción conjunta de todos los negocios. Será el momento en el que vuelva a cobrar vida la calle de mayor tradición y solera comercial de la ciudad.

Pepi Velasco atendiendo a los clientes en la Tiendecilla Pepi Velasco atendiendo a los clientes en la Tiendecilla

Pepi Velasco atendiendo a los clientes en la Tiendecilla / Javier Alonso

"La gente viene ahora sin prisa, más tranquila, sin el estrés de antes"

Pepi Velasco (La Tiendecilla)

La Tiendecilla es, sin duda, uno de los ejemplos más evidentes en la ciudad de cómo una crisis como la del coronavirus está generando que el comercio de toda la vida vuelva a cobrar fuerza, una de las pocas notas positivas de esta pandemia con un sinfín de estragos sanitarios y un previsible colapso de la economía. Pero las tiendas como la de Pepi Velasco mantienen su particular pulso al virus para garantizar el abastecimiento ciudadano a sólo unos metros de casa. En horario sólo de mañana, entre las ocho y las dos del mediodía, sin necesidad de abrir por las tardes como anteriormente, la Tiendecilla abarca tantos o más clientes que antes y se compra en mayores cantidades. De llevarse sólo el pan, agua y chicles como antaño, han pasado a un amplio catálogo de productos alimenticios, en su mayoría de la tierra.

Nuevas caras de personas que no habían pisado el negocio con anterioridad y la cesta más cargada. “Y el que se llevaba una barra de pan ahora se lleva cuatro” para estar dos o tres días sin salir a la calle. “Me va a costar trabajo volver a la jornada completa”, bromea Pepi Velasco que ha percibido un cambio en la conducta de los compradores. “La gente viene ahora sin prisa, más tranquila, sin el estrés por el que iban corriendo todos los días”, asegura. Disponen de productos artesanales almerienses con fuerte tirón y reciben delicias de cuatro panaderos. Torta de chicharrones, pan de aceite, rosquillas, vinos, mermeladas, licores de canela y mandarina, miel, fritada, huevos ecológicos, empanadas caseras... la oferta se ha ido expandiendo y los dulces son un producto estrella: “Chocolates, galletas cookies, palmeritas, bollería... están pegando fuerte estos días y muchas bolsas de patatas fritas, las que me traen de Tíjola vuelan”. También vende más pipas y frutos secos y ante el incremento del consumo de alcohol en las casas han empezado a escasear hasta los vinos de la provincia que antes tardaban más en salir.

En cuanto a las medidas preventivas, asegura que delante del mostrador no tenían nada y ahora han colocado un par de cajas que permiten guardar la distancia de metro y medio con los clientes. También ha marcado el punto de venta con una cinta sobre el suelo, aunque no suele ser necesario porque los usuarios se quedan fuera cuando alguien está comprando en el interior. “La gente está siendo muy civilizada, respetan todas las indicaciones y nadie se queja”, valora con satisfacción. La Tiendecilla ofrece servicio a domicilio, sobre todo a las personas mayores a los que entrega con asiduidad los alimentos que encargan en las plazas de San Pedro y San Sebastián y en la calle Regocijos.

Dada la excepcionalidad de la situación y su carácter solidario, no ha fijado pedido mínimo -ya sea una barra de pan- y se lo recuerda cada día a sus clientes porque algunos intentan comprar más de lo que necesitan para compensar que se lo llevan casa. También entrega productos a familias en los que uno trabaja y no tiene margen para hacer la compra y el otro cónyuge no puede salir de casa por el cuidado de los niños. “Me da mucha pena ver la calle tan vacía, en esta zona nos ayudamos todos y nos echamos de menos”. Como si fuera una familia hoy mermada por las restricciones de la cuarentena. Confía en que muy pronto puedan subir la persiana de nuevo.

Davinia Burcutean atendiendo a un cliente en Gourmet Fresh Davinia Burcutean atendiendo a un cliente en Gourmet Fresh

Davinia Burcutean atendiendo a un cliente en Gourmet Fresh / Javier Alonso

"Los clientes compran más porque no quieren ir al supermercado”

Davinia Burcutean (Gourmet Fresh)

Gourmet Fresh abrió sus puertas en noviembre, pero Davinia Burcutean lleva más de 15 años en el barrio atendiendo a sus vecinos. “A veces miro la calle y es una pena verla así de vacía”, reconoce con resignación, pero al menos puede ver a algunos comerciantes a los que lleva los pedidos a casa. Ya han empezado a trabajar para que cuando quede atrás la crisis del coronavirus organizar alguna iniciativa conjunta con la que poner en valor los negocios de la calle de las Tiendas. Su establecimiento sigue al pie del cañón desde el primer día del estado de alarma, abasteciendo de frutas, verduras y hortalizas, pan y otros alimentos a los vecinos del barrio. Las ventas del primer mes del confinamiento han sido mayores, pero marcadas por los vaivenes de días buenos y otros malos. Eso sí, en horario de mañana (de 9:00 a 14:30 horas) sólo canaliza las compras que antes facilitaba durante toda la jornada.

“La gente baja a comprar una o dos veces a la semana en lugar de hacerlo todos los días y por eso cargan más productos que antes del confinamiento en sus casas”. También reconoce que la cesta ha crecido desde que se inició el estado de alarma. “Las compras ahora son más grandes, la mayoría de los clientes no quieren ir al supermercado”. Gourmet Fresh también presta servicio a domicilio a todo el que lo solicita, sin mínimo de gasto, e incluso lleva productos de otros negocios cercanos como los de la droguería Juanjo. La zona de los pedidos ya no se circunscribe a su entorno más cercano y se ha ido estirando llegando incluso hasta la Rambla. Entregas que hace por las tardes, al igual que las anotaciones e inventario, porque en horario de mañana presta atención directa en el establecimiento situado en el número 30 de la calle de las Tiendas.

En los hábitos de los clientes ha notado algunos cambios, además de que están entrando vecinos que no habían pisado antes la tienda. “La gente ahora no va con las prisas de siempre y también percibo el miedo a salir”. En este establecimiento compaginan la alimentación como frutas, verduras y hortalizas, pan (la mayoría de encargos) con otros productos artesanales de la tierra entre los que destacan los embutidos de Serón y quesos de Uleila del Campo. Tiene prácticamente de todo menos artículos de higiene. “En mi tienda de 20 metros cuadrados pueden abarcar todo lo que necesitan en una gran compra, aunque no es el catálogo de un supermercado que te ofrece dos o tres marcas para cada producto”. 

La prevención es fundamental en este tiempo de coronavirus y ha instalado una pantalla para tratar a los clientes, además de mantener la distancia de seguridad. Trabaja con guantes y una máscara facial completa. Los clientes respetan siempre las indicaciones y entran de uno en uno a la tienda mientras los demás esperan fuera. Los ciudadanos son más responsables también a la hora de comprar y lo agradece. Desea que pronto pueda volver a la normalidad la arteria del comercio por antonomasia de la capital.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios