Análisis

ROBERTO pAREJA

Siniestros totales

No nos importa el dinero, sobre todo si tenemos. Lo tenía claro La Polla Records y es lo que traslucen las declaraciones de Pere Aragonès (ERC), vicepresidente del Govern, sobre el aumento de las inversiones en Cataluña que contempla Pedro Sánchez para que los violines se impongan a la batahola en su tormentosa relación bilateral.

El número dos de Quim Torra dice que el voto de ERC respecto a los Presupuestos rebasa al vil metal y reclama, raca-raca, "movimientos claros" respecto a los presos y la autodeterminación, desmontando la posibilidad de que este tipo de criptonita (la de los billetes) amilane a ese honorable Superhome de pacotilla llamado Carles Puigdemont o al que le sostiene la capa, que de roja tiene poco.

Lo peor del pulso entre la Generalitat y el Estado es que ninguno parece dispuesto a dar marcha atrás, salvo para coger carrerilla. El prófugo cansa con su mantra (inverosímil hasta para él) de la república catalana y el inquilino de la Moncloa quiere alargar su estancia como sea sin consultar al casero.

Si no saca adelante los Presupuestos, Sánchez alardeará de no plegarse anteel independentismo y se aferrará al poder a golpe de decreto. Y aparcará el presunto matarile en unas elecciones generales en las que pintan bastos tanto para la izquierda como para ese marinero de agua dulce que teme que la vía de aguas fecales desatada en Andalucía anegue hasta la planta noble de Génova. Esto es, que el tiburón verdoso se coma al delfín azulón de JM.

Y si saca sus cuentos, digo cuentas, el presidente del Gobierno quedará bajo sospecha por los siglos de los siglos (es un decir, es que en el laberinto del procés los días se hacen meses, los meses años...) con presuntas concesiones o hasta genuflexiones ante el vicario de Superhome, que saldrán más temprano que tarde a la luz .

Entre estos aires difíciles, unos vuelan corto por la derecha y no van más allá de la represión (155 mediante), otros en círculo (despistando a unos y otros), y los lunáticos de la capa, como un meteorito a la deriva en un viaje a ninguna parte.

Por cierto, un genuino Superman (el difunto Christopher Reeve) acabó en silla de ruedas.

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