Análisis

david Fernández

¿quién ha ganado?

El voto de cabreo que catapultó a Podemos en 2014 impulsó anoche a Vox con una fuerza tan inusitada que provocó un terremoto con la histórica victoria de la derecha. El PP se pasó la vida buscándola por el centro y al final llegó por el ala más dura. La aparición de Vox fue para muchos como un golpe de película y a más de uno se le quedó la cara de los protagonistas de El resplandor cuando Jack Nicholson se asomó a la puerta. Es difícil creer que 400.000 andaluces se hayan vuelto de extrema derecha, como tampoco los que abrazaron a los podemitas son de extrema izquierda. Más cabría hablar de una clase media harta de estar harta.

Susana Díaz se equivocó de nuevo al dar las cosas por hechas. Su victoria fue tan amarga como la de Arenas, que pecó de lo mismo. Su llamada a la desesperada pidiendo a PP y Cs que no sumen con Vox es inútil y lo sabe. Más parecía presidir un funeral, el fin de ciclo visto el rostro de su corte. Al desgaste del PSOE se unió una torpe gestión. De nada sirvió el adelanto electoral. Y la campaña de baja intensidad fue un desastre porque desactivó a los suyos.

La debacle fue socialista, pero Rodríguez y Maíllo también fracasaron. Ahora, ni PP, ni Cs tendrán empacho en agarrarse a Vox para desalojar al PSOE, aunque sea con una pinza en la nariz, después de lo que largaron. Quien niegue la posibilidad se suicidará. Los primeros gobernarán y la ultraderecha mandará. Moreno Bonilla no disimuló que afronta una ocasión histórica -con permiso de Cs, que le pondrá cara la Presidencia- con los peores resultados del PP. Ni los suyos creían él, y lo sabe.

Con 26 escaños, sólo pudo comparecer como el último, y así lo hizo. Más alegre se presentó Juan Marín, pese a no superarle. De buena gana pactaría con el PSOE, pero sabe que si sostiene a los socialistas su partido lo tendrá crudo en las generales para vender el cambio. La felicidad completa sólo visitó a Vox. Y hoy, como en 2014 con Podemos, los andaluces se preguntarán quiénes son, qué pretenden... Pero es obvio que el hartazgo y las ganas de cambio pudieron más que la curiosidad.

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