Análisis

Francisco bautista toledo

Ni rojos ni azules

Ofrece Elvira Martos un trabajo de gran solidez plástica, inteligente, técnicamente bien conformado, y de gran claridad expositiva. Nos propone un escenario de tiempo dinámico, donde presente y pasado se conjugan en cada una de las piezas. Tal vez sea su obra un sortilegio para prevenir la ruleta de los acontecimientos, que tanto atormenta a la historia contemporánea española. Es lo que dota a su producción pictórica, aquí expuesta, de actualidad, la cual no cesa, siendo un tema hoy día recurrente. Decía T.S. Eliot en "Cuatro cuartetos": El tiempo presente y el tiempo pasado / Acaso estén presentes en el tiempo futuro / Y tal vez al futuro lo contenga el pasado. /Si todo tiempo es un presente eterno / Todo tiempo es irredimible.

Las piezas propuestas por Elvira Martos invitan a la reflexión, sobre los horrores del pasado y la rutina acomodada del presente, que quizá por ser rutina no es valorada. Invita a pensar, a valorar lo que tenemos en la actualidad, como también a seguir en el mismo camino de superación de los horrores de la memoria, pensando en como hacer un futuro mejor, y si se puede un poco más feliz.

La producción plástica de esta artista es dinámica, fresca, y de gran contenido conceptual. Logra expresar este relato gracias a su habilidad técnica, consiguiendo con sus acrílicos y collages, describir dos realidades, pasado y presente, creando un salto al vacío cada vez que se distinguen en el cuadro. Conviven ambas, el tiempo fluye cíclico en su interior, pero el ingenio estético de Elvira Martos obtiene composiciones en las que, dentro de un escenario actual, rompe el tiempo los hechos terribles de la Guerra Civil. Acierta plenamente la autora al situar su entramado expositivo en la ciudad de Almería, otorgando a su obra un guiño que hace prender la atención del observador, lo atrapa y entabla un dialogo sensorial con él, según el lenguaje de las emociones, quienes tras arrasar la mirada, pasan. Su efecto queda grabado en las reflexiones suscitadas tras contemplar las piezas expuestas.

Elvira Martos supera los contornos del dibujo, para que sean los trazos de colores quienes definan las personas, entorno y el ambiente. No se detiene en detalles físicos definitorios de las figuras, sino que evoca situaciones, historias contadas, trasladándolas al presente. Nos enseña la diferencia entre el terror causado por la incomprensión, insolidaridad y aislamiento en las propias convicciones, con la ventaja del diálogo, el encuentro y el perdón mutuo. Ofrece un futuro de comprensión, y trabajo conjunto, por mantener al menos el mundo en que vivimos.

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