Librería Don Pepe

Hay que volver a enviar las embajadas culturales del intranquilo para alegrarles las Pascuas. ¡Aunque falte Manolo Escobar!.

Recuerdo con ilusión, que no con nostalgia, mis primeros libros universitarios comprados en la Librería don Pepe de Granada. No te rebajaban ni un duro, pero te regalaban cuadernos y bolígrafos. Eso no ocurría en las tiendas de comestibles en que nos aprovisionábamos, pero con el tiempo las costumbres cambiaron y las tiendas (reconvertidas en supermercados) adoptaron la vieja costumbre de las librerías. ¡Así empezó la nueva economía española en vísperas de la transición!. Otro cambio, no tan importante, fue el de los Bancos. Hasta el 62, "los 7 magníficos": Hispano Americano, Central, Español de Crédito, Bilbao, Santander, Vizcaya y el March. Todos ellos con patio y mostradores de mármol "gordo". Hechos para toda la vida.

En esos años, los hacedores de leyes económicas se pusieron al tajo, y parieron "la de las divisas" que tantos problemas dio a mi suegro y demás exportadores almerienses de uvas; y "la de ordenación del sector bancario": se nacionalizaron bancos y se reordenaron las Cajas. Esta última ley provocó algún problemilla económico a los clientes del Banco de Siero, y a mi padre: se quedó sin la piel de astracán que le había prometido don Ramón Rato, cliente habitual de La Flor de la Mancha. Eran tiempos distintos, pero con un encanto especial.

A partir de la nueva legislación, surgieron bancos por doquier. ¿Quién no conoce a alguien dispuesto, en esa época, a fundar un banco en Almería? Aquello acabó como el rosario de la aurora y apareció la Corporación bancaria que visité allá por el 78 (hecho un pipiolo), y de la que pensé: "pues menos mal que esta es la oficina de los que están tiesos", mientras me desaparecían los zapatos hundidos en la moqueta.

Pero ahora todo es más pragmático: a los bancos se les mide el "es 3", entre cuyas medidas no se si también se les estudian las coronarias por si hubiera que hacerles algún "baipás" o meterles un "muellecillo" (o stent) en las mismas para ampliar el flujo de "money, money, money", que en el 72 cantaba Liza Minelli en Cabaret, y hace poco Rajoy hacía lo propio, mientras los receptores hacían los coros.

A esos receptores les acaban de examinar el sistema circulatorio, excepto el corazón, por la dificultad de llegar al mismo. Parece ser que de salud están hasta mejor que algunos británicos y alemanes. Normal: aquellos no tienen ni el sol, ni la dieta mediterránea, ni la sanidad hispana.

Al final vamos a tener que volver a enviar las "embajadas culturales del intranquilo" para alegrarles las Pascuas. ¡Aunque falte Manolo Escobar!.

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