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La verdad desagradable

Cuando la realidad entra por la puerta, la demagogia y la propaganda saltan por la ventana

Tanto los organizadores del Congreso de Vox en Madrid como los impulsores de la manifestación feminista del 8-M sabían que vivíamos en una situación de extremo riesgo a causa del coronavirus. Pero ni unos ni otros quisieron hacer caso a las evidencias científicas y prefirieron dejarse llevar por las trampas de su propia propaganda. "No es para tanto", "Son intoxicaciones de machistas y fascistas", "Nada ni nadie van a impedir que celebremos nuestro congreso", "Saldremos a la calle porque el machismo mata más que todos los virus": así razonaban, si es que razonar es el verbo adecuado para definir la terrible irresponsabilidad que demostraron tener unos y otros. Y ahora, claro está, aquí están los resultados: el propio Ortega Smith se ha contagiado del coronavirus, y no sería de extrañar que cientos de asistentes a la manifestación del domingo den señales de contagio en los próximos días. Pero estaba claro que la realidad -siempre sucia, testaruda, caprichosa, imprevisible- no podía destruir la bonita fábula de la propaganda y de la ideología.

Cuando la realidad entra por la puerta, la demagogia y la propaganda saltan por la ventana. Desde hace muchos años, la política española se ha reducido a una batalla por imponer un relato, es decir, por ganar la batalla de la propaganda. Y así, llevamos mucho tiempo viviendo de espaldas a la realidad, hasta que la realidad se ha vengado en forma de epidemia que puede destruir el frágil equilibrio económico en el que vivíamos. Años y años de charlatanería, de gestos para la galería y de tuits furiosos en las redes sociales -pensando que eso era lo único real y que todo lo demás era mentira- nos han traído hasta un país en cuarentena, con aulas cerradas, con hospitales desbordados, con hoteles semivacíos y con campos de fútbol donde se juega a puerta cerrada. ¿Qué fue de la vacua palabrería que ensalzaba los 17 sistemas sanitarios autonómicos y las "dinámicas transformadoras que garantizan el blindaje de derechos"? ¿Qué fue de todas las camisetas y los globos y las pancartas? Ha bastado un virus que amenaza con hundir la economía y crear una emergencia sanitaria sin precedentes para que todas esas palabras -que aún siguen esgrimiendo los ilusos de siempre- hayan quedado reducidas a lo que en verdad son: mentiras, ilusiones, autoengaño, bobadas.

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