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La errática deriva de Trump

El presidente republicano aún no ha entendido que el mundo ya no gira alrededor de los Estados Unidos

Eeuu ha dejado de ser un aliado a favor del medio ambiente al retirarse del pacto global contra el cambio climático. Donald Trump ha cumplido su amenaza, y fiel a su doctrina de "América primero", ha dado una vuelta de tuerca a su giro aislacionista frente a un acuerdo sellado por todo el planeta. Su determinación no extraña a nadie después de que cumpliera otras promesas electorales como la negociación a cara de perro con México y Canadá en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o su oposición al Acuerdo de Asociación del Pacífico (TPP), otro gesto a los votantes obreros de los cinturones industriales de las ciudades que, como Detroit, lo catapultaron al poder y con el que el líder norteamericano pretende poner freno a la aldea global. A la vista de que muchos norteamericanos se sienten perjudicados por la deslocalización de sus industrias, Trump se ha propuesto desmantelar el legado de sus predecesores. No en vano, el proteccionismo comercial fue uno de los motores de su campaña. El otro fue el duro alegato contra los inmigrantes mexicanos y musulmanes.

En esta misma línea populista, el presidente de EEUU señaló sin vacilar en su reciente visita a Europa que la política comercial y militar de Alemania es nefasta para su país, de ahí que advirtiera en tono firme que la relación de EEUU con la UE ha de cambiar. En concreto, insistió en el enorme déficit que a su juicio mantienen los países europeos en el seno de la OTAN frente a los Estados Unidos, y también denunció que los millones de coches alemanes que se venden en su país suponen un serio perjuicio a los intereses de la industria norteamericana. Sus proclamas invitaron a Angela Merkel a solicitar a sus socios europeos que se adueñen de su destino a la vista de que el presidente republicano se dispone a dinamitar el equilibrio mundial que se fraguó tras la II Guerra Mundial.

Si su defensa a ultranza del proteccionismo o sus tratos con Rusia han colisionado frontalmente con la cultura norteamericana, su negacionismo ante el cambio climático ha llegado mucho más lejos. Su deriva cada vez más errática, como con su desprecio por Europa, no hacen sino confirmar los peores augurios. Trump haría bien en realizar autocrítica, ya que la gigantesca industria automovilística de EEUU se tambalea desde hace décadas porque otros países como Japón y Corea innovaron mucho antes para abaratar costes, no por las reglas del mercado. Los centros de poder se diversificaron hace tiempo y el presidente republicano ha de entender que el mundo ya no gira alrededor de EEUU, porque hoy es mucho más complejo y multipolar. Si lo que pretende es recuperar la hegemonía mundial, le iría mejor sumando aliados antes que menospreciándolos.

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