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La vitalidad no tiene edad

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La vitalidad no tiene edad La vitalidad no tiene edad

La vitalidad no tiene edad / Rebeca Revilla M. (Almería)

Pertenecer a la tercera edad no es sinónimo de pérdida de facultades o vitalidad. Es más, una vida llena de achaques e infortunios puede ayudar a fortalecerte. Yo soy aún muy joven para hablar desde mi propia experiencia. Sin embargo, conozco a alguien que sí me ha ayudado a forjar esta opinión. Se trata de alguien quien, a pesar de estar lejos de mí en el árbol genealógico, forma uno de mis engranajes vitales más importantes. Se trata de mi bisabuelo.

Un hombre que nació cuando muchos comenzaron a bailar el ya famoso charlestón. Concretamente, nació en el 1921. Cuando llegó al mundo todo para él era fantástico. Tenía todo lo que una persona puede querer, es decir, casa, alimento y, lo más importante, estabilidad emocional regalada por unos padres que lo adoraban. Pronto sus padres quisieron aumentar el número de hijos, por lo que su madre se quedó embarazada.

Francisco, con sus regalos: un 'smartphone' y su colonia favorita Francisco, con sus regalos: un 'smartphone'  y su colonia favorita

Francisco, con sus regalos: un 'smartphone' y su colonia favorita / Rebeca Revilla M. (Almería)

Sin embargo, lo que en un principio iba a ser una verdadera alegría pronto se convirtió en un auténtico revés. Su madre murió dando luz. En este momento mi bisabuelo tan sólo contaba con siete años. Poco tardó su padre en buscar una nueva esposa con la que tuvo cuatro hijos. Sin lugar a dudas, esto fue un golpe muy duro para mi bisabuelo. Además, como suelen decir, las desgracias nunca vienen solas, y pronto mi tatarabuelo tuvo que cruzar el océano para irse a buscar trabajo a Argentina, ya que, la situación laboral en España era muy inestable. Eso condujo a que mi bisabuelo trabajase en duras condiciones para poder sustentar a la familia que su padre había dejado en España.

No obstante, esta situación duró poco, porque el trabajo estaba tan mal que se vio obligado a seguir los pasos de su padre e emigró a Francia con el objetivo de encontrar un trabajo estable. Su meta no se cumplió, ya que sólo logró encontrar algunos puestos  temporales. Por ello, después de tres años intentando conseguir su sueño, tuvo que volver a España. Al llegar aquí su suerte mejoró porque conoció a la que fue la mujer de sus sueños. Rápidamente se casó con ella e intentó tener tres hijos.  Digo “intentó” y no “tuvo” porque ella sufrió tres abortos naturales.

Tarta por su 100º cumpleaños Tarta por su 100º cumpleaños

Tarta por su 100º cumpleaños / Rebeca Revilla M. (Almería)

La buena nueva llegó la cuarta vez que se quedó embarazada. En esa ocasión nació mi abuelo, quien creció,

 se casó y le regaló a mi bisabuelo siete nietos maravillosos. Actualmente, mi  bisabuelo sigue viviendo. El pasado 18 de febrero obtuvo los famosos tres dígitos: los 100. ¿Lo mejor?. Lo hizo con una fuerza y un espíritu vital envidiables.

Vive solo (pues la que era mi bisabuela ya no se encuentra entre nosotros) y es capaz de limpiar e incluso de cocinar. Lo más sorprendente de todo es que todavía tiene en vigor el carné de conducir -superó las pruebas médicas- aunque asegura que desde hace un par de años le da miedo a usarlo. Cada tarde sale, ataviado con su mejor sonrisa, a tomar café al bar, leer el periódico, charlar con sus amigos del parque-mucho más jóvenes que él- y dar un paseo. He aquí pues la viva prueba de que la suma de años, infortunios y muchas dioptrías no se traduce obligatoriamente en una rápida y dolorosa cuenta atrás.

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