Padre de Álvaro Carrión "Estamos rebosantes de alegría desde la llamada de Álvaro"

  • El padre de Álvaro Carrión ha recibido la noticia a las 03:45 de boca de su hijo

  • "No hemos dormido en toda la noche, ni antes de la llamada ni después", revela José Carrión

  • El joven olulense necesita confirmar en el aeropuerto que su visado está habilitado y encontrar una buena combinación aérea para volver

Álvaro Carrión. Álvaro Carrión.

Álvaro Carrión. / D. A.

La alegría ha vuelto a casa de los Carrión Pérez tras más de seis meses de pesadilla, aunque no será completa hasta que el joven olulense retenido en Taiwan no pise suelo español. "Estamos rebosantes de alegría, pero tan pocas horas han pasado que seguimos incrédulos", explica su padre, José Carrión, a Diario de Almería. La llegada de Álvaro no se producirá hasta el inicio de la próxima semana. Por el momento, no tiene vuelo.

Queda un trámite importante por hacer, aunque en teoría ha de ser únicamente eso: un trámite. Álvaro tiene ya el documento exculpatorio tras haber alcanzado un acuerdo de conciliación con la familia de la mujer fallecida en el accidente de tráfico origen de todo. Pero mañana, a primera hora, tiene previsto comprobar en el aeropuerto que la información sobre su situación para poder abandonar el país les consta también en la aduana. Hasta que no esté completamente seguro de que podrá salir de Taiwan sin ningún problema, no adquirirá el billete. A estas alturas, parece lógico que ni Álvaro ni la familia quieran hacer nada sin estar plenamente seguros.

"Taiwan no está ahí al lado y hay que conseguir una combinación de vuelos adecuada y asequible, que es difícil lograr de un día para otro", subraya José Carrión, quien reconoce que esta pasada noche nadie durmió en su casa. "Estábamos esperando la llamada de Álvaro, que se produjo a las 03:45; a partir de ahí tampoco pudimos conciliar el sueño", reconoce.

Así las cosas, será a partir de este lunes cuando la 'hoja de ruta' de la vuelta de Álvaro quede más o menos clara. Hasta que no lo vean entrar por la puerta, en su casa la alegría no será plena. A estas alturas, eso sí, es casi total.

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