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Ministriles Hispalensis abren los conciertos de agosto en Vélez Blanco

  • Vuelve, un año más, la música renacentista y barroca al Patio de Honor del Castillo

Las estrictas medidas de seguridad no impidieron que fuera una noche mágica. Las estrictas medidas de seguridad no impidieron que fuera una noche mágica.

Las estrictas medidas de seguridad no impidieron que fuera una noche mágica. / H. Martínez (Vélez Blanco)

La música renacentista y barroca volvió en la noche del viernes al Patio de Honor del Castillo de Vélez Blanco con un bellísimo concierto ofrecido por el grupo Ministriles Hispalensis con la voz de dos contratenores, Jorge Enrique García Ortega y Bruno Campelo Muñiz.

Las estrictas medidas de aforo, distancia y seguridad sanitaria no impidieron que se creara ese ambiente mágico al que ya se acostumbra en las noches del Festival, haciendo que el público que completó el aforo permitido disfrutase de la belleza de la música y arropase con sus largos y calurosos aplausos a los intérpretes.

Un reencuentro con espacios, músicos y público que se agradece en estos tiempos en los que la cultura necesita expresarse, volver a los escenarios y contar con el apoyo del público y de las instituciones, como bien señaló Paco Blay, uno de los miembros del Grupo, en su intervención. En esto, como viene siendo habitual, Vélez Blanco es todo un ejemplo.

Con un programa de exquisita factura, y equilibrado para instrumentos y voces, tuvo como hilo conductor la interesante mezcla y fusión de estilos habida durante el Renacimiento y el Barroco que traspasó fronteras territoriales, culturales, religiosas, etc. El concierto comenzó con el Tiento sobre la Batalla de Morales de Francisco Correa de Arauxo, que sirvió de presentación del conjunto instrumental. A continuación se interpretó el Dixit Dominus, Salmo a 6 de Francisco Losada con el que iniciaban su actuación los contratenores y donde se pudo apreciar la precisión y elegancia vocal de ambos.

Las estrictas medidas de seguridad no impidieron que fuera una noche mágica. Las estrictas medidas de seguridad no impidieron que fuera una noche mágica.

Las estrictas medidas de seguridad no impidieron que fuera una noche mágica. / H. Martínez (Vélez Blanco)

Dos obras del toledano Diego Ortiz, maestro de capilla de la corte del virrey de Nápoles. Recercada segunda sobre ‘O Felici Occhi Miei’ y Recercada quinta profundizaban la idea de que la música y los músicos han sido siempre embajadores universales a través de las naciones. Así pudo observarse como los intercambios entre lo vocal y lo instrumental dentro de la misma música enriquecieron el repertorio de la época dejándonos joyas como la versión de Girolamo dalla Casa y de Giovanni Battista Spadi del famosísimo madrigal Ancor che col partire de Cipriano de Rore interpretada con especial delicadeza por los dos contratenores. De igual modo, la mezcla de culturas tuvo su expresión en el alegre Escuche lo neglo, villancico de Negros a dúo de Jerónimo de Carrión, como muestra de esos Villancicos de Negros para los maitines de Navidad.También las relaciones entre músicos europeos en torno a las grandes capillas, como la pontificia, que crearon el lenguaje universal de la polifonía sacra de finales del renacimiento, como bien señaló Jorge García, se evidenció anoche en el Magnificat Primi Toni de Tomas Luís de Victoria con el finalizó el concierto y al que el conjunto del Grupo imprimió fuerza, grandiosidad y sensibilidad interpretativa.

La programación y dirección del concierto corrió a cargo del contratenor Jorge García, titulado Superior de Flauta Travesera y postgrado con François Veilhan en París, y titulado Superior de Canto por el Trinity College of London, que ha sido y es miembro y colaborador de orquestas nacionales e internacionales, e intérprete como solista y/o con grupos en lugares como Rotterdam, New York, Amsterdam, Colonia, Frankfurt, París, Bruselas o Viena.

Hubo una interesante fusión de estilos habida durante el Renacimiento y el Barroco. Hubo una interesante fusión de estilos habida durante el Renacimiento y el Barroco.

Hubo una interesante fusión de estilos habida durante el Renacimiento y el Barroco.

Mención especial merecen la interpretación de las dos violagambistas, Johanna Rose y Noelia Reverte, el especial sonido de los sacabuches Francisco Blay, Carmelo Sosa y Ramón P. Peñaranda, y el sugerente solo del cornetto Manuel Vicente Pascual. A ello se sumó la maestría de Alejandro Casal como organista.

Un gran comienzo de estos conciertos de agosto que, aunque no son Festival como tal, siguen la línea trazada por éste en ediciones anteriores. Como bien señalaban las organizadoras del mismo, estos conciertos pretenden que la actividad cultural no se frene totalmente; promover una acción cultural que sostenga el desarrollo económico y la integración social de una zona rural como ésta, y colaborar con los Grupos, orquestas y solistas para hacer frente a las consecuencias económicas de la COVID-19. Con la mirada puesta en el XX aniversario del Festival, fue un excelente concierto, una ventana abierta a lo que significará esa celebración en el año 2021.

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