Cultura

Ricardo Alba: “Yo deseaba poner al alcance de los lectores algo perdurable en el tiempo”

  • Afincado desde hace años en Mojácar, este escritor acaba de lanzar el libro ‘Las ovejas duermen en familia. Relatos de Alcandora’ en la editorial Hebras de tinta

Ricardo Alba con su libro de relatos en la playa de las Ventanicas. Ricardo Alba con su libro de relatos en la playa de las Ventanicas.

Ricardo Alba con su libro de relatos en la playa de las Ventanicas.

Siempre ha tenido facilidad de palabra al hablar. Y cuando escribe conecta de inmediato con sus lectores. Ahora ha publicado un precioso libro de relatos, donde los distintos personajes y sus circunstancias, en toda su diversidad, conectan entre sí a través de singulares vínculos.

-Acaba de lanzar un libro de relatos titulado Las ovejas duermen en familia. ¿Se siente cómodo escribiendo relatos?

-Sí, ahora sí. Hubo momentos de angustia porque hay personajes en estos relatos que adquirían vida propia, me pedían más. Pese a ello procuré, y así ha sido, condensar historias en pocas páginas.

-Sitúa esos relatos en un lugar imaginario llamado Alcandora. Es imaginario o realmente es un lugar determinado al que le ha puesto ese nombre.

-Es totalmente imaginario. Creo que muchas personas tenemos en la cabeza un lugar ideal donde vivir. Construí Alcandora con la suma de parajes que me dejaron huella de las distintas ciudades españolas donde he vivido.

-Después de tantos años dedicado al periodismo, tenía la necesidad de escribir otras cosas, en este caso, relatos.

-Realmente, sí. El oficio periodístico te permite brujulear por diversos géneros literarios. Todos tienen en común la inherente característica de ser efímeros. Lo que escribes hoy se publica mañana y pasado mañana es ya historia. Yo deseaba poner al alcance de los lectores algo perdurable en el tiempo. Con esta pretensión surgió Las ovejas duermen en familia, el primer libro de una trilogía.

-¿Qué hay de su vida o de sus experiencias en estos relatos que acaba de reunir en este libro?

-Sin duda hay rastros, momentos, o alguna palabra oída, que me han dado pie para algunos de los relatos. En otros he sido testigo o partícipe de situaciones que se han quedado cosidas a la piel. Y quieras o no, algo de este conjunto de vivencias se reflejan de algún modo.

-Ricardo no se ha planteado escribir una novela dada la facilidad que tiene para desarrollar una historia y hacerlo de forma amena.

-La novela o novelas llegarán, no me cabe la menor duda. Ahora estoy sumergido en el género literario del Relato que, a veces y por algunos, es considerada literatura menor. A mí me resulta fascinante. Y compleja.

-Aunque es madrileño de raíces cántabras, hace años descubrió Mojácar y de ahí no se mueve. ¿Qué le sugiere esta tierra?

-Almería en general es una tierra extraordinaria aunque muy mal exportada o comercializada, como mejor te venga. Gracias precisamente a este periódico he tenido la posibilidad de conocerla a fondo. Es rica en casi todos los sentidos, pero, repito, mal tratada en infraestructuras y cosas así. En lo que concierne a Mojácar, no me veo en otro lugar. Aquí tengo todo lo que deseo tener.

-Ha estado en primera línea en el periodismo. Se le recuerda en TVE en Andalucía en los informativos. ¿Qué piensa cuando echa la vista atrás?

-Que he tenido mucha fortuna en mi vida. Familia, amigos y la posibilidad de ejercer nuestra profesión en todos los medios. Y, desde luego, ser testigo de una evolución que en todos los aspectos ha cambiado el mundo. Algunos dicen que a peor. Yo no, yo creo que a mejor.

-¿Se considera un hombre de radio más que de televisión?

-Sí, sin duda. Crecí con la radio. Mira, Diego, yo estudié bachillerato en un colegio de Madrid rodeado de emisoras de radio. Radio Madrid, Radio España, Radio Intercontinental, Radio Peninsular, Radiocadena. Al terminar las clases salía corriendo a una cualquiera de estas emisoras, entonces había programas que se hacían cara al público. No podía haber mejor entretenimiento para mí. De tanto ir ya me conocían en todas las emisoras. En una ocasión, con la nariz pegada al cristal del estudio de Radio Madrid, Joaquín Prat padre, me hizo la seña de que entrara. Me senté en una silla al lado de Carmen Pérez de Lama. Aquello fue mágico y supe que me dedicaría a esto.

-Usted es de mucho leer. Algo que sé que le apasiona. además le gustan los libros de gran volumen, es decir, con muchas páginas. Creo que aparte de amistad es un admirador de Sarah Lark.

-Total. Siento una profunda admiración por Sarah Lark. Es una de las grandes escritoras de nuestro siglo. Ha sabido poner en primer plano a la mujer, personajes fuertes, tan dispuestas como cualquier hombre. Sarah recrea paisajes minuciosamente. Para mí, es una Renoir de la literatura.

-Entrando en plena actualidad. Ricardo como ha pasado estos meses de encierro y post-encierro.

-Con deporte domiciliario, escribiendo, practicando instrumentos de percusión, vídeo charlando, y con resignación. Cuando nos abrieron la puerta, me lo tomé con precaución, medida que mantengo.

-¿Cómo contempla el futuro, porque hay mucha incertidumbre en todo, y sobre todo en los medios de comunicación?

-Mal, a la vista está. Los medios de comunicación reducen las plantillas al máximo, sueldos bajos, y paro, mucho desempleo de colegas que no saben ya qué hacer. Las empresas, como todas, miran cómo mantenerse a flote y lo primero que recortan es, ya sabemos, personal. Hoy en día, por poner un ejemplo, muchos periódicos salen a la calle gracias al esfuerzo de sus insuficientes plantillas de profesionales. Es una pena pero, de momento, es lo que hay y no sé si irá a peor. La digitalización es una moneda, tiene su cara y su cruz.

-En qué está ahora. ¿Qué escribe en este momento?

-En el segundo libro de la trilogía, el que seguirá a Las ovejas duermen en familia. Son relatos enlazados unos con otros que, a modo de puzzle, configuran un mosaico de historias, todas ellas en Alcandora.

-Este libro de relatos imagino que cuando mejore todo, querrá presentarlo, porque es una obra muy interesante. ¿Donde le gustaría presentarlo?

-En Almería. De momento no lo he pensado, cuando esto pase ya se verá.

-Una cuestión. Cuando se viaja a un lugar muchos recuerdan el sitio por sus monumentos. Usted cree que es así, o se recuerda incluso más por su gastronomía.

-En mi caso, recuerdo Córdoba por su Mezquita y por sus Flamenquines. Granada, por la Alhambra y por sus Berenjenas con miel de caña. Santander, por su Bahía y sus Rabas. Oviedo, por el teatro Campoamor y sus Bollos preñaos. Quiero decir, Diego, que monumentos y gastronomía se llevan bien. Que todo es cultura. No digamos el pan con aceite de Jaén.

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