Crónicas desde la ciudad

Cementerio de Belén: Entorno físico (I)

  • En 1734 Agustín de Velázquez erigió la ermita privada de Ntra. Sra. de Belén. Dicha advocación mariana dio nombre al cauce seco de la rambla y al primer cementerio civil de la ciudad

Convento-iglesia de San Blas Convento-iglesia de San Blas

Convento-iglesia de San Blas

Al compás de la transformación de la ciudad en menos de dos centurias ha sido radical a su largo y ancho. Del montañoso cerco ocre al azul mediterráneo, incluidos núcleos periféricos y la ubérrima Vega. Acelerada frenéticamente en la segunda mitad del pasado siglo, auspiciado por normas especulativas en beneficio de intereses privados y no de su desarrollo armónico. A pesar de ello, aún perduran señas de identidad (escasas) que nos anclan a pretéritos escenarios hispanomusulmanes: de la alcazaba a la catedral, del casco histórico a la franja litoral. Aunque de la mayoría de la traza urbana de antaño solo se conservan documentos, planimetría y mínimas muestras gráficas. Sin una perspectiva visual que nos permita su reconstrucción mental, caso de las ramblas pluviales de Iniesta, Amatisteros y Belén. En especial de esta última, convertida en un todo homogéneo tras el proyecto integrador del estudio de arquitectura de Antonio Góngora: fundamental eje viario y de ocio en la Almería del tercer milenio. A esta dedicamos el contenido del subtítulo. 

Del cerro a la playa 

La rambla de Amatisteros

le dijo a la de Belén:

agárrate prima hermana

que yo te acompañaré

cuando las aguas sean bravas. 

Se cogieron de la mano

y arrancaron a correr…

¡Se han llevado el Barrio Alto

y la calle San Miguel!

¡Gracias le demos al cielo

que la nube fue de día,

si llegar a ser de noche,

perece toda Almería!   

Lo ocurrido en la mañana del 11 de septiembre de 1891 pasó a la historia local como una de sus más luctuosas páginas: 158,3 l/m2 se precipitaron en dos horas, sembrando el pánico y vistiendo de luto a una veintena de familias. Del drama decimonónico, la estatua de La Caridad es casi el único vestigio heredado. Aunque en un estado de abandono y suciedad que nos produce vergüenza ajena tras ser contemplada por multitud de visitantes (la hospitalidad almeriense nos impide llamarles forasteros) y capitalinos (pocos) que la miran de soslayo al final de la Avda. García Lorca. Por tal emplazamiento no debe pasear el alcalde, la responsable de Servicios Urbanos ni el ínclito concejal de Promoción de la Ciudad, Carlos Sánchez. 

Pilar de los Arquitos Pilar de los Arquitos

Pilar de los Arquitos

De un punto crucial en el desarrollo de la tragedia -Los Arquitos- nos queda su imagen en el álbum “Consuegra-Almería”, editado por la Comisaría Regia responsable de paliar el desastre económico, encauzar y alinear el lecho original. Ahí confluyeron las turbulentas aguas de las ramblas cantadas en coplas. Entre árboles de sombra, en el vado (baden) que comunicaba la calle Murcia y el Barrio Alto se hallaban los populares pilones en que las vecinas lavaban su ropa, bebían las cabras ordeñadas a pie de calle y abrevaban en vísperas de corrida los toros que, procedentes del “cerrado” de Alhadra (La Pipa) encorralaban en el coso alzado en el solar de los actuales <Jardinillos>, proyectados por Trinidad Cuartara. En un ejercicio de imaginación, acodados a la barra del kiosco El Chirivia, pueden evocar el paisaje de las dantescas escenas que allí tuvieron lugar. 

Las ramblas pluviales de Amatisteros y Belén se unieron en Los Arquitos sembrando el terror

Aunque no se vislumbra en el plano de Pérez de Rozas de 1864 (sí traza unas pocas callejuelas con casas obreras), en nuestro caminar hacia el norte nos toparíamos con la ermita privada de Ntra. Sra. de Belén -erigida en 1734 por Agustín de Velázquez-, advocación que le dará nombre al vasto territorio. En él se incluye el cauce seco y la “puerta” por la que en marzo de 1810 accedieron -calle Real de Granada abajo- las tropas napoleónicas que al mando del general Goudinot ocuparon Almería durante todo un trienio. La zona fue asimismo elegida para levantar en 1837 -siendo Joaquín Vilches gobernador Político- el primer cenotafio en homenaje a los Mártires de la Libertad (Los Coloraos); donde permaneció hasta su posterior traslado a Puerta de Purchena y definitivamente a la Plaza Vieja. Donde esperamos, valga el inciso, que perdure ad eternum. 

En el recorrido cronológico, el siguiente hito corresponde a la casa-convento de las Siervas de María, “ministras de los enfermos”. La congregación femenina fundada por Soledad Torres Acosta, se estableció en Almería en 1876 de la mano del obispo José Mª Orberá, al igual que lo hiciesen las religiosas de la Compañía de María y Hermanitas de los Pobres. A dichas mujeres le tenía dispuesta una “risueña y cómoda” residencia: dos habitaciones semiderruidas, otra habilitada para autopsias y la casucha del guarda, correspondientes al desaparecido camposanto. Todo un regalo del cielo en un barrio a extramuros tan mísero como el que más del cinturón de pobreza de la capital. En el campo de los Mártires de la Libertad, la ermita que presto servicio al camposanto le valió a las monjas de capilla hasta no disponer de la iglesia de San Blas.

Los Jardinillos Los Jardinillos

Los Jardinillos / Pako Manzano

Desconozco la fecha exacta –en el AMAL sólo existe un expediente de expropiación de los terrenos del Cenotafio y alineación de la rambla de Belén-, pero alrededor de 1880 ya había un edificio de nueva planta construido a expensas del obispo. En 1885 Orberá solicitó permiso “para construir en su ala izquierda con objeto de establecer un Asilo donde recoger a las huérfanas que hayan quedado en la reciente epidemia”. El proyecto lo discutió el arquitecto Diocesano, Enrique López Rull, con el Municipal, Trinidad Cuartara, por lo que deducimos que los planos obedecen al primero de ellos. Lo que sí queda claro es que desde un principio las Siervas de María alternaron el asilo y escuela de niños menesteroso con la asistencia a enfermos; destacando una actuación heroica durante la terrible epidemia de cólera que azotó a Almería en el verano de 1885. Así lo entendió un pleno consistorial:

El obispo José Mª Orberá instaló a las Siervas de María en el convento-iglesia de San Blas

“… Que constando a la Corporación los humanitarios servicios prestados durante la epidemia en el Hospital de Coléricos por las Siervas de María, encargadas del mismo, proponía al Excmo. Ayuntamiento en vista de sus constantes desvelos en la asistencia a los enfermos, con exposición de sus vidas, que se le gratificara a la Superiora, Sor Josefa Díaz, con doscientas pesetas (…) Y que mensualmente se le entreguen quince pesetas en concepto de socorro para las asiladas pobres que tienen a su cargo… “. 

Aunque el Cortijo Fischer (Villa Cecilia, Canta Isabel o Casa del Gobernador; sede de institutos y dependencias de la Junta de Andalucía) e iglesia parroquial de San Ildefonso son posteriores, concluyo el itinerario en la plaza de toros, monumental edificio que, inexplicablemente y a pesar de su valor arquitectónico e histórico, no está declarado Bien de Interés Cultural. Siguiendo las directrices, al alimón, de López Rull y Cuartara Cassinello, la magna obra fue construida en el tiempo récord de un año, siendo inaugurada en la Feria agosteña de 1888 por los diestros Lagartijo y Mazzantini.

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