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Empieza el Curso Académico en la Universidad

Los años de vida universitaria dejan una huella que no es la Del empleo, sino la delconocimiento

Acabamos de inaugurar el Curso Académico en la Universidad, conque me parece buena ocasión para transmitirles algunas reflexiones por si les apetece discutirlas: no escribo para buscar el aplauso, sino para proponer el debate. Acabamos de empezar y volveremos, como siempre, a aguantar las monsergas y letanías administrativas de la utilidad, la adecuación al entorno y la empleabilidad. Seguiré siendo yo y, para no perder mis costumbres, me negaré a aceptar tales cantinelas sin más. Como siempre, hemos empezado las clases un poco antes, sin esperar a los resultados de la Selectividad y a que se matriculen los estudiantes de septiembre.

Nos dirán que hay que cumplir escrupulosamente con todas las horas de docencia, pero no tomarán en cuenta que esas horas no las reciben las personas que aún se están matriculando: obsesionarse por los procedimientos sin preocuparse por los resultados es fuente de trastornos. Como siempre, mantengo que la Universidad debe proporcionar una formación intelectual que permita a sus estudiantes luchar por un empleo en el zoco de trabajo pero sin convertirse en un cuarto ciclo de Formación Profesional. Llámenme romántico, iluso o reaccionario: sostengo que la empleabilidad, la utilidad y la adaptación al entorno son medios, no los objetivos.

Los años de vida universitaria dejan una huella que no es la del empleo, sino la del conocimiento. En comenzar a transitar el camino de la sabiduría con la fuerza de la juventud radica la belleza de los años académicos. Hay que saber hacer y, sobre todo, saber saber: nada ha aprendido en la Universidad quien sólo ha aprendido un trabajo. Aquí también se exploran los límites del conocimiento y se accede a las cosas que pueden ser conocidas, eso significa el latín "scientia", del que viene el castellano "ciencia".

En todas las asignaturas proporcionamos herramientas para hacer algo, o sea, suministramos una "téchne", palabra griega de la que procede el castellano "técnica", pero poco haremos si ahí nos quedamos. Nuestra diferencia está en tener como objetivo crear la emoción y la necesidad de saber por el mero gusto de saber, de hacerse preguntas por el simple placer de buscar las respuestas.

Más allá de tecnofilias y sabiofobias, debemos transmitir un estilo de vida, una actitud ante las dificultades, una capacidad para inventar soluciones que distingue al simple graduado del auténtico universitario.

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