Abierto de Noche

Lorenzo el magnífico

En mis viajes por el dial incierto y digital a veces tropiezo con una voz familiar, que, sí, es él, el Gran Lorenzo, Lorenzo Silva

En mis viajes por el dial incierto y digital a veces tropiezo con una voz familiar, que, sí, es él, el Gran Lorenzo, Lorenzo Silva. Yo una vez cené con él, sí, con él. Bueno, él estaba en una punta y yo en otra y aún sabiendo quién era no le hice gran caso. Y ahora tampoco. Pero reconozco su habilidad para ser también tertuliano, aparte de escritor, con la única peculiaridad de que el único que tertulia es él. Las tertulias con tertulianos son siempre interesantes, demuestran como, casi siempre, todos pueden hablar de todo sin tener la más mínima idea, incluso discutir, interrumpir al otro y molestarse porque le interrumpen mientras está interrumpiendo, responder invariablemente y pregunten lo que le pregunten citando a Chesterton (el mismo otro que escriba lo que escriba en los artículos siempre pone masas cretinizadas) y al menos se destaca para que le odien. Pero Lorenzo no, Lorenzo es ecuánime en todos sus aspectos y comentarios. Lorenzo se tertulia a sí mismo y siempre con el mismo tono de voz. Es decir, están hablando sobre lo que sea de la actualidad y se hace una pausa y se le pregunta: Y tú Lorenzo, ¿qué opinas? Y se explaya en el tiempo adjudicado cronómetro en mano dando su opinión pausada sobre lo que sea sin que, lógicamente, nadie le interrumpa o le lleve la contraria. En su tiempo adjudicado emite su opinión como escribe sus libros, en un tono tan profesional que aburre a las moscas, que terminan yéndose. Supongo que sus fieles adoran ese encefalograma plano opinador. Nunca dirá una palabra más alta que otra, no como el obeso derechista, que siempre dice lo que piensa aunque pinche y ponga el dedo en la llaga. Y cada vez que tropiezo con Lorenzo cambio de dial. No leo sus artículos de opinión, ni sé si los publica al uso. Por lo menos el otro triunfador de las letras tontainas, el Reverte, cada vez que abre la boca pone a todo el mundo a caldo, pero él no, él no tiene ideología que haga que estos o los otros no le contraten, tiene ph neutro, como el agua, necesaria para vivir pero que rara vez se pide en un bar. Póngame un agua. Póngame un Lorenzo, neutro, equilibrado, profesional, correcto, muermo, monótono. Sí lo entiendo, cuando no se está a sueldo fijo de un negociado por oposición hay que estar a bien con todos. Le escucho atentamente hasta que me duele la cabeza y le dedico mis mejores bostezos. Una vez hasta empecé a leer un libro suyo.

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