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El séptimo sello

Vuelvo a visitar los salones lujosos de tan Gran Señora y el orden es perfecto

Ycuando el Cordero abrió el séptimo sello, en el cielo se hizo un silencio como de media hora. Y vi siete ángeles que estaban en pie delante de Dios, y les fueron dadas siete trompetas. Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas, se dispusieron a tocarlas. Yo, Antonius Block, he viajado a los confines del mundo conocido para ver a tan Gran Señora, en el primer día de los que vendrán. Al principio se respira normalidad e incluso la perfección del orden. Pero según se mira se observa que falta algo, los bares están cerrados, completamente todos, y sólo algunas personas empiezan a salir a la calle. Se ven pocas personas con mascarilla. En los jardines de los residenciales y en avenidas se ven algunas personas con sus perros e igualmente sin protección. Se trabaja en el campo y en las obras. De pronto toda esa sensación de orden se convierte en sensación de vacío, es el orden y la perfección de la nada. Empieza a llover y sopla un viento que anuncia los cielos oscuros y sin esperarlo ni buscarlo veo a tan Gran Señora y paso a su lado. Los cielos siguen oscureciéndose y decides ponerte mascarilla. Una persona te mira por la calle con pavor. El centro de Almería es desolador, casi todos las plazas del aparcamiento subterráneo están vacías. Empiezas a tocar las cosas con un pañuelo, con un plástico. En la escalera alguien maldice algo extraño. Isaac Newton nació tan pequeño y prematuro que nadie pensó que viviría mucho. Al terminar el bachiller tuvo que volver a la granja de sus padres porque se desató una epidemia de peste bubónica y durante dos años, confinado en su casa, descubrió a ley de la gravitación, desarrolló el cálculo de fluxiones (el principio de lo que hoy conocemos como cálculo integral o infinitesimal), generalizó el teorema del binomio y descubrió la naturaleza física de los colores. Es decir, prácticamente todo lo que cimenta lo que hoy sabemos de física y matemáticas, todo lo que sabemos de todo. Vuelvo a visitar los salones lujosos de tan Gran Señora y el orden es perfecto. Es la perfección de la nada. Ahora todo es higiénico y limpio. Vuelvo con las calles silenciosas de nuevo. En el mundo oscuro de la noche, un coche avanza despacio y parece tan normal como que en el día todo avance rápido y bullicioso. Pronto el día será tan inquietante como la noche. Pronto alguien recluido en algún sitio nos desvelará todo lo que sabremos de todo.

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