En tránsito
Eduardo Jordá
Mon petit amour
Una de las populares máximas del refranero afirma que el hábito no hace al monje, de manera que la apariencia externa o la indumentaria de una persona no explican o manifiestan cómo es en su reservado interior o en su forma de desenvolverse. Entre los estilos de la moda figura, por otra parte, el contradictorio vestir “arreglado, pero informal”. Contradictorio o algo engañoso, ya que esa apariencia de informalidad no suele ser espontánea o imprevista, sino resultado de una preparación precisamente formal y cuidada. Hay, también, una ropa, un vestuario para cada ocasión, conforme a las reglas de la elegancia o a la adecuación de la correspondencia. Las bodas son buena muestra y, por lo que en la imagen se advierte, asimismo los divorcios. Ya sea -podrá imaginarse- en las separaciones amistosas y bien resueltas, como si quisiera celebrarse la desunión, con ambos miembros de la pareja vestidos para divorciase. Ya como ropa propia de un divorciado o divorciada, al cambiar su estado o situación, con un nuevo hábito que seguirá sin hacer al monje. O ya para vestir las despedidas de casados, esa otra alternativa festiva a la de los solteros, cuando poco hacía pensar en un “conjunto para divorcios”, expuesto en un mercadillo.
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