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Otros planetas

Pero una vez sonada la flauta no hay que escatimar en elogios a la buenaventura

Javier Cercas y Manuel Vilas son amigos (ahora), vecinos de gala y nuevos lustrosos copremiados Planeta. Además están encantados de conocerse y encantados en general. Es la euforia del premio Planeta, que contagia a todos los pares de escritores a los que otorga lustre y quita mugre. La mugre del escritor que no gana para vivir. Sospecho que no disponían de dicha mugre a quitar y estaban (al menos Cercas) siempre en la rampa de lanzamiento. Al menos Cercas, o sólo Cercas, ya que Manuel Vilas a mi nunca me había sonado a Planeta y posiblemente a él tampoco. Pero una vez sonada la flauta no hay que escatimar en elogios a la buenaventura. Al Planeta, a los planetas, a las galaxias, al champán, al reconocimiento del escritor, por fin bien remunerado (se refiere a ellos, no a los demás). Cada vez que sale lo del Planeta, sale lo de la cuantía del premio y que en realidad no es tanto porque como la mitad se la lleva hacienda y además como ya van a pasar varios años sin que te den otro premio similar y eso y lo otro y los gastos, los pitos y las flautas pues al final 600.001 € se queda en nada, en lo justo para comprarse un par de camisas, la compra del super, la factura de la luz. Que se lo digan si no a Ángeles Caso, a la vez ganadora y perdedora del Planeta y sus sombras, una vez que se apagan las luces de los flashes. Javier Cercas no digo que no pero Manuel Vilas suena a redención literaria que una vez embolsada excusa que por qué la buena literatura (o la literatura, a secas) va a estar reñida con los grandes premios, las grandes remuneraciones, las grandes ventas. Que olvidemos ya de una puñetera vez a todos los mugrosos que con un chusco de pan escriben en míseras alcobas, en ruinosos tugurios o con insanos complejos. Que la literatura ya debe ser cheque al portador porque si cualquier ejecutivo puede sacarse en limpio lo mismo en un año (Cercas dixit) por qué ellos no, amortizando en varias anualidades hasta que la maldición del Planeta premie por segunda vez con viajes al infierno de reclamaciones fiscales, islas de famosos, colaboraciones, artículos, tertulias, querellas y estrambotes que ya no sostengan el tren de vida de pisazo y doméstica. Entonces, con los dedos fríos hundidos en bolsillos de abrigo con agujeros, vendrá la mano de nieve que diga: levántate y anda. Alguien con sueldo fijo dijo una vez que no se veía escribiendo para pagar los abrigos.

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